Sanomara Torres

¡Hola! Mi nombre es Sanomara Torres (un nombre raro lo sé) disfruto de 25 maravillosos años. Nací en el bello país de lagos y volcanes Nicaragua, donde también radico actualmente. Me gustaría contarles que tuve una infancia normal pero no fue así. Siendo la única entre cinco hombres es un poco difícil, así que ya se imaginarán. Crecí entre videojuegos, los supercampeones, Dragón Ball, el futbol y uno que otro golpe “sin querer” de alguno de mis hermanos. Me gustaba tanto estar con ellos que aunque fueran juegos pesados les decía que me aguanta si me hacían llorar. Hasta el día de hoy lo que tengo son gratos y muy divertidos recuerdos.
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Mis papás siempre buscaron lo mejor para nosotros y de vivir en Nicaragua, después a Costa Rica terminamos en Puebla, México donde prácticamente me críe hasta mis 22. Por eso digo que soy mexicana de corazón ¡Ah y porque mi papá es mexicano! Así que eso implicaba que cambiará seguido de colegio e hiciera amigos por todos lados.
Mi adolescencia ¡mmm! bueno está etapa fue rara como la de todos creo, que la mayor parte me la pase encerrada en mi habitación. Pero algo que si recuerdo perfectamente es que a mis casi 17 años conocí a Jesús y lo hice mi Señor y Salvador, cosa que me tomó por sorpresa porque siempre dije que “nunca sería cristiana”, pues ellos estaban locos y porque además crecí con otras creencias muy arraigadas. Desde ese momento no he dejado de asistir a la iglesia. ¡Ah en esta etapa también sufrí el divorcio de mis padres! Pero no hablemos de cosas tristes. Llegó la juventud y con ella las ganas de comerme al mundo. Empecé a viajar sola y a conocer nuevas cosas. Para no hacerles el cuento largo aquí me olvidé de lo verdaderamente importante y tenía un pie y medio en el mundo y el otro medio en la iglesia, eso si nunca dejé de asistir (no me siento orgullosa de eso). En uno de mis viajes vine acá a Nicaragua solo de visita con mi familia materna. Pero como Dios sabe lo que hace en ese viaje me encontré verdaderamente con Él, Dios me dijo: “Que premiaría mi obediencia” cosa que me parecía una locura pues yo era la peor oveja de todas y estaba muy perdida. En ese viaje decidí dejar toda mi vida en México y quedarme aquí, literal toda mi vida.
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Al poco tiempo me dijeron de un lugar en Guatemala donde yo podía estudiar la Palabra de Dios. Sé que suena extraño pero ¿Qué creen? me fui, dejé todo para obedecer a lo que Él quería para mí. Les puedo decir que hasta hoy es la mejor decisión que he tomado. Hace medio año que volví a Nicaragua, trabajo en un Instituto Biblico y sirvo a Dios en todo lo que Él me manda. Sigo aprendiendo y estudiando también. Dicen que soy multiusos. Para terminar amo a Jesús y la gente. ¡Ah y me gusta tomar buen café!
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