Ely Hernández

Hablar de uno mismo no siempre resulta sencillo. Es mucho más simple crear historias o  escenarios en la mente, o bien imaginar las características de los personajes y enlistar las cualidades que deben tener o  las situaciones qué debe vivir; y sólo ponerle un nombre; pero en ésta ocasión el personaje soy yo; y tiene un nombre: Ely Hernández; ahora contaré  parte de mi historia y, con la imaginación que brota de las letras, te llevaré a recrear los escenarios por donde  he caminado.

Nací en el año de 1987, te ahorraré los cálculos, tengo 31 años y la primavera en México me recibió alegremente.

Crecí en un hogar parcialmente cristiano, y digo esto porque sólo mi madre había recibido a Jesús como Salvador. Mi padre luchó por más de 20 años con una enfermedad del alma llamada “alcoholismo”, hoy por gracia de Dios vive rehabilitado y el Padre ha extendido su brazo de misericordia para alcanzarle.

5246eb84-e973-4232-b258-2817a3c19aa4

Uno de mis primeros recuerdos es ver  a mi madre arrodillada clamando al Creador por la vida de su esposo; en mi inocencia desconocía porque mamá se volcaba en dolor y llanto por él; pero ahora entiendo que fueron esas oraciones incesantes que movieron el corazón de Dios para cumplir su promesa “Serás salvo,  tú  y  toda tú casa” Hechos 16:31. Estas primeras imágenes me han sostenido en tiempos de crisis o  cuando mi fe desmaya; pues recuerdo el poder que hay en la oración y me vuelvo al Padre para sostenerme en sus promesas y confiar en que desde el principio de los tiempos Él ha escrito una maravillosa historia para mí, y que sólo basta esperar para que cada uno de sus planes de bien se cumplan en mí.

De la etapa de mi niñez tengo recuerdos agradables; claro, alguno no tanto, pero prefiero almacenar aquello que trae gozo y paz a mi ser. Junto con mi hermana y un sin fin de primos, (porque debo decir que acá en México, por lo que respecta a los Hernández, cumplieron cabalmente con el mandamiento de multiplicarse) organizábamos los mejores juegos, y al ser la mayor de entre todos, ese tiempo solía comenzar con mi juego favorito “La maestra”; sentaba al frente mío  a más de 12 niños y empezaba la clase; lápices, borradores, cuadernos, libros y de más instrumentos fueron la puerta a la imaginación. Y hoy, esos juegos son un recordatorio de cómo Dios cuida cada uno de nuestros pasos y “todo lo hace perfecto a su tiempo“Eclesiastés 3:11; pues actualmente soy profesora frente a grupo y es una bendición. El Señor me ha traído un deleite impresionante en ésta profesión que desempeño,  pues puedo ver su favor y gracia para conmigo. Un sueño que comenzó en el patio de mi casa hoy se vuelve realidad. Con esto quiero recordarte que Dios no olvida nuestros sueños, es más, él a su tiempo,  lo usa como medio para extender su Reino, para bendecir a otros y a la par nos bendice a nosotros ¡Cuán perfecto eres, Amado!

c124de87-732b-42ae-a43a-2301dc2490c2

Durante mi adolescencia, experimente una crisis de identidad y falta de visión y propósito impresionante.  El conocer de Jesús desde una edad temprana no es sinónimo de ser un discípulo de Cristo, y eso justamente se hizo realidad en esta etapa. Al  vivir en una familia disfuncional, en ocasiones dividida y con la carencia afectiva de un padre; mi vida cambio de rumbo. Comencé a relacionarme con chicos buscando suplir esas carencias y  a fugarme en otras esferas para no hacer frente a la situación que vivíamos en casa. El resultado de esto sólo fue un corazón destrozado, resentido e incapaz de demostrar amor y mucho menos misericordia. El orgullo y la soberbia se volvieron mis vestiduras; por lo tanto la idea de Dios se desvaneció dentro de mí. Fue hasta que presencie, junto a mi hermana y mamá, el intento de suicidio de mi padre que Dios penetró hasta lo más profundo de mi ser  y me llevó a reconocer que “separados de Él nada podemos hacer” Juan 15:5. Dios tomó los pedazos de mi corazón, lo restauró y sanó cada herida que ese camino me había dejado; quitó las vestiduras que se habían convertido en un escudo de autodefensa y  me vistió con un manto de perdón y amor. Hoy puedo decirte que Dios me dio un amor indescriptible por mi padre y un perdón genuino; que fueron los ingredientes clave para que su corazón volviera a la familia, pues sólo Dios puede hacer “volver el corazón de los padres hacia  los hijos, y el corazón de lo hijos hacia los padres” Malaquías 4:6

ec138e05-d11b-4aca-bf4f-fef9577efe4b

Mi juventud se traduce en dos palabras: Gracia y misericordia;  pues aunque he pasado momentos de prueba, he cruzado  varios desiertos,  he cometido un sin fin de errores y hasta he experimentado el silencio del Padre, puedo decir como escribió Pablo “Todo ayuda para bien” Romanos 8:28, pues en cada uno de ellos he visto la gracia y misericordia de Dios operando a mi favor. A veces obtengo la respuesta (propósito) al final de esa vivencia, en otras me toca esperar y confiar en que Dios es soberano y su voluntad es buena, agradable y perfecta, Romanos 12:2

Así que, continúo la carrera y vivo expectante, confiando en que lo mejor está por venir, pues el Padre me sostiene,  Jesús es mi Camino, y el  Espíritu Santo me dirige.

By Ely Hdez.

Si quieres leer todas mis publicaciones haz click aqui.