Conociendo a Dios en la tormenta

Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! (Mateo 14:27).

Jesús eligió a sus doce discípulos para darse a conocer a ellos de una manera más íntima con el fin que de que siguieran su ejemplo y enseñaran a otros lo que habían aprendido en su caminar junto a él. 

Los discípulos, hasta este punto de la historia habían escuchado las poderosas enseñanzas de Jesús, llenas de sabiduría y poder, presenciaron múltiples sanidades y hasta liberación de demonios. Ellos habían sido enviados a una misión para evangelizar en los pueblos de Israel, ¡grandes hazañas ocurrieron allí! Además de vivenciar un sinnúmero de confrontaciones que Jesús tenía con los fariseos y aquellos que se le oponían. Definitivamente, vieron a Jesús en muchas facetas distintas. Su carácter no les fue oculto. Aunque me parece que les faltaba ver a Jesús en un ambiente distinto. 

Ya era de noche, Jesús les dice a sus discípulos que se adelanten y crucen al otro lado mientras él despide la multitud (aquella que había alimentado a través de un milagro de multiplicación). Todos obedecieron y emprendieron su viaje hacia el mar. Lo que nunca imaginaron era lo que les esperaba a mitad de camino…

Mientras ellos navegaban, Jesús en el monte a solas oraba. Él sabía muy bien lo que estaba haciendo, estaba preparando el escenario para revelarse (darse a conocer) a sus discípulos nuevamente pero de una manera diferente.

Y ya la barca estaba en medio del mar, azotado por las olas; porque el viento era contrario. 25 Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. 26 Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo (Mateo 14:24).

En medio de la tormenta, Jesús apareció. ¿En una barca? No. Se acercó a ellos caminando sobre el mar. Era tan grande el acontecimiento que muchos de los discípulos creyeron que se trataba de un fantasma y no del Maestro. 

Al ver la reacción de ellos, Jesús les dice: ‘‘Tengan ánimo, yo soy, no teman’’. El no dijo: ‘‘Soy Jesús, no tengan miedo’’. Su carta de presentación fue: YO SOY, la misma frase que utilizó Dios cuando Moisés le dijo que si alguno le preguntaba quién le había enviado pues qué debería responder. 

Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. (Éxodo 3:14)

¿Por qué no decir solamente Jesús? Pues porque el significado del nombre de Jesús se limita solamente a Salvador. Y él estaba provocando una circunstancia para que le conocieran como el Yo soy, un nombre que abarca una amplia gama de significados.

En otras palabras, Jesús les quería enseñar que él no era simplemente un Maestro, Profeta o Salvador, sino que podía ser mucho más para ellos si decidían creer en él.

En medio de tu tormenta, Jesús quiere revelarse como el YO SOY:

  • Yo soy quien te ayudo,
  • Yo soy quien te da fuerzas,
  • Yo soy quien te sostengo,
  • Yo soy quien está contigo en todo momento…

Y la lista podría seguir porque Jesús es y siempre será todo lo que necesitas. Ojo, no todo lo que quieres, sino lo que necesitas realmente en tu vida en medio de la situación que hoy enfrentas.

Su Persona no se limita a una cualidad que has leído o que ya has conocido, Él es mucho más y cada día aprendemos más de su carácter. 

Querido lector, Jesús espera de ti la actitud que tuvo Pedro. Él, en vez de quedarse con miedo y rechazar lo que sus ojos estaban viendo, se movió de su lugar y le dijo a Jesús que si realmente era él que lo hiciera andar sobre el mar. Pedro se acercó, él anhelaba conocer más. Con razón fue unos de los tres más íntimos de los discípulos de Jesús. Pedro se interesó y si tú te interesas, al igual que él podrás conocer a un Jesús diferente en medio de la tormenta.

Pedro fijó su mirada en Jesús, solamente quería conocerlo a él. Dejo de ver las fuertes olas y vientos que le eran contrarias y se enfocó en conocer a Jesús. Eso es lo que realmente vale. Aunque más tarde dudó, fue el único que se atrevió a dar un paso para llegar hacia donde Jesús estaba. Atrévete a acercarte a Jesús y conocerle en medio de tu tempestad, ¡no te arrepentirás!

Recuerda, más que calmar el viento, Jesús quiere darse a conocer a tu vida en medio de la tormenta. 

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