Corazones afanados

Imagina una multitud alrededor de ti, algunos gritan con desesperación para avanzar en la fila rumbo al estadio, otros están escuchando música, y unos pocos están concentrados en su celular esperando para entrar al juego de béisbol. Hay tantas personas pegadas a ti y mucho ruido. De repente, alguien muy importante para ti decide llamar a tu celular, pero no lo escuchas. Simplemente el ruido a tu alrededor impidió que lo escucharas. Fueron más de cinco veces, era una urgencia. Logras entrar al juego y ni siquiera piensas en revisar tu teléfono. Disfrutaste tanto el juego que ignoraste que había algo sucediendo paralelo al lugar donde te encontrabas. Finaliza el juego, salen todos del estadio pero tú, por alguna razón tardaste en salir y te quedaste sentado unos minutos. Un inmenso silencio te rodeaba pero de pronto sonó una vez más tu celular. Era la misma persona que te había llamado al inicio. En ese momento, no te fijaste en las llamadas perdidas sino que contestaste rápidamente y escuchaste la terrible noticia de que tu hija había tenido un accidente quien se encontraba muy grave. Cuelgas y, en vez, de salir corriendo, doblas tus rodillas, miras al cielo y dices: ‘‘¿Por qué no lo supe antes?’’. Y, Dios, con voz dulce te dice: ‘‘Intenté decírtelo, te llamé pero no atendiste. Estabas tan preocupado por entrar al juego, tan distraído por todo lo que sucedía a tu alrededor que no pudiste percibir el sonido de mi voz’’…

Y es que, un corazón afanado (preocupado) por los detalles no tan importantes de la vida, suele ignorar fácilmente la voz de Dios. Es su voz que nos corrige, dirige y enseña el camino por el cual debemos andar. 

Tal vez son las muchas actividades y responsabilidades, o los quehaceres del hogar o de tu trabajo que te han envuelto y acaparado por completo. No sabes qué hacer para volver al inicio. ¿Te recuerda esto a alguna mujer de la Biblia? ¿Pensaste en Marta? Pues de ella te quiero hablar.

Lucas 10: 38-42 dice:

38 Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. 39 Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. 40 Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. 41 Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. 42 Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. 

Y es que todos, en algún momento de nuestras vidas nos hemos parecido a Marta, o tal vez estamos actuando igual que ella hoy. El estrés, la sobrecarga, el cansancio te ha arrastrado a ese punto en el que ni siquiera disfrutas la presencia de Dios, o cuando estás en un servicio o a punto de estudiar la Palabra, te distraes en tus pensamientos. Tal vez, leyendo este blog acabas de descubrir que te estás afanado/a. 

No te preocupes, así como hubo una Marta afanada, había una María que escogió lo mejor y más importante: ‘’Estar a los pies de Jesús para escuchar y aprender de Él’’. ¿Entiendes? María decidió, escogió tomar esa actitud porque el Maestro había llegado a su casa. Tú puedes elegir hoy estar de pie, moviéndote de acá para allá con un millón de cosas pendientes por realizar, o detenerte por un momento y sentarte a los pies de Jesús, abrirle tu corazón y entregarle todo lo que te preocupa.

Muchas veces, llegamos a ese punto porque empezamos a planificar nuestra agenda a nuestra manera y la intentamos cumplir con nuestras fuerzas, en vez de depender de Dios y ser guiados por Él en qué cosas hacer y cómo organizarlas. Vamos posponiendo nuestro tiempo de intimidad con Él y vamos cayendo fondo. Pero, ¡qué bueno saber que tenemos a un Jesús esperándonos con los brazos abiertos para recibirnos nuevamente y quitar de nosotros toda carga! 

Jesús es quien hoy te dice:

Filipenses 4:6-7

6 Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. 7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. 

1 Pedro 5:7

7 echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. 

Juan 14:27

27 La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. 

Él quiere hablarte y revelarte Sus planes para tu vida. Es en la calma donde podrás escuchar la voz de Dios, o al menos distinguirla de todas las que compiten para llamar tu atención. 

Decide hoy detenerte y derramar tu corazón en Su presencia, a entregarlo todo y permitir que Su paz te llene por completo. De seguro que te hablará y mucho.

Dios te bendiga.

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