Un cuerpo desmembrado

Una de las últimas oraciones que hizo Jesús al Padre antes de ir a la cruz la encontramos en Juan 17.11, y es una de las peticiones más poderosas:

“Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros.”

Jesús tenía un solo deseo y lo sigue siendo. Que sus discípulos vivan en unidad, su deseo ardía tanto en su corazón que insiste en su oración:

“Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.” Juan 17.20-22

Ahora haremos una breve pausa para entender el significado de unidad:

  1. Propiedad que tienen las cosas de no poder dividirse ni fragmentarse sin alterarse o destruirse.
  2. Elemento diferenciado y completo que forma parte de una serie o de un conjunto.

Jesús oraba por sus discípulos y que los siguientes tengan una cualidad, la unidad. Que el amor entre ellos sea tan fuerte, que nada nos pudiera dividir o fragmentar. De hecho, más adelante luego de su resurrección sucede. En el libro de Hechos lo relata de la siguiente manera:

“y decidieron vivir como una gran familia. Y cada día los apóstoles compartían con ellos las enseñanzas acerca de Dios y de Jesús, y también celebraban la Cena del Señor y oraban juntos. Al ver los milagros y las maravillas que hacían los apóstoles, la gente se quedaba asombrada. Los seguidores de Jesús compartían unos con otros lo que tenían. Vendían sus propiedades y repartían el dinero entre todos. A cada uno le daban según lo que necesitaba. Además, todos los días iban al templo y celebraban la Cena del Señor, y compartían la comida con cariño y alegría. Juntos alababan a Dios, y todos en la ciudad los querían. Cada día el Señor hacía que muchos creyeran en él y se salvaran. De ese modo, el grupo de sus seguidores se iba haciendo cada vez más grande.” Hechos 2.42-47

Hay tantas cosas que señalar aquí que seguro ya viste, pero me quiero enfocar en el resultado de todo lo que hacían: El grupo de seguidores, de personas que creían y eran salvas ¡iba en aumento!

Y es que ese es el resultado tan poderoso de la Unidad: más personas que crean en el amor de Jesús y sean salvos.

El apóstol Pablo lo entiende y lo explica de otra manera en 1 de Corintios 12.12-27, habla sobre el cuerpo, de cómo cada miembro es importante, tiene su función, pero también cada miembro necesita del otro. Incluso vean lo que dice el verso 21:

El ojo nunca puede decirle a la mano: «No te necesito». La cabeza tampoco puede decirle al pie: «No te necesito».

Ahora te haré una pregunta, ¿Quién es la cabeza de la iglesia (el cuerpo)? Claro que es Jesús, y Jesús nos habla con humildad a través de Pablo diciendo, “como cabeza, te necesito”. Jesús nos necesita para que haya unidad, para que podamos trabajar y servir juntos. Para que más personas conozcan el amor de Dios. Jesús sabe y resalta que nadie es menos, que necesita de todos, que todos son importantes e indispensables en el Reino de los cielos.

Entonces me pregunto ¿por qué a veces tenemos pensamientos o incluso conversaciones donde decimos cosas como “que se vaya si no quiere”, “no estoy para rogar si ni Jesús lo hacía”, “Señor, te lo llevas o te lo mando” y tantas otras frases que si nos ponemos a platicar salen a la luz.? Hiriendo y desmembrando el cuerpo de Cristo. Esto es terrible, y a veces ni es obra del enemigo, es obra de nuestra carne egoísta y llena de orgullo. ¿Cuántas personas han sido lastimadas o heridas por palabras, actitudes o líderes dentro de la iglesia? me atreveré a hacer esta afirmación: “Si hay un cuerpo desmembrado, es por nuestra culpa”. Y quiero preguntar también ¿Cuántas veces nos hemos alejado de Dios, la iglesia o líderes porque nos hirieron? Agarrando “nuestro propio camino”, separándonos, en vez de buscar resolverlo y restaurar la relación. Estamos tan enfocados en el “yo”, en “mi dolor”, “mi situación” en “mi tiempo”, “mi evento”, “mis carencias”, “mi fragmentación” que se nos olvida el valor de las relaciones. Te pregunto ¿Cuántas veces hemos aportado al desmembramiento de la iglesia por nuestra errónea manera de pensar? ¿En qué momento dejamos que el amor por Jesús y los demás se enfriara? Estamos enfocados en predicar, en crecer y buscamos tantos métodos como eventos, talentos, followers, predicadores “cool”, contenido para redes chido, outfits, y tantas otras cosas (No estoy diciendo que eso es malo o del diablo, claro que suman) usando todo esto para reemplazarlo por lo que realmente es más poderoso: La unidad. Jesús lo sabía y, por cierto, toma nota: el enemigo también lo sabe. (Pero a él no le daremos importancia).

Ahora, quiero compartirte la clave para lograr la unidad, de hecho, nos la da el apóstol Pablo en Efesios 4.1-3

“Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;

En el versículo tres dice solícitos. Solícitos es “echándole ganas”, dispuestos, de una manera intencional. La unidad no es un sentimiento o una emoción es algo en lo que se trabaja intencionalmente. Los discípulos compartían, aprendían, tenían la actitud, vivían con fe, se bendecían unos con otros dando de lo que tenían, incluso vendiendo sus propiedades para ayudar a los que no tenían, se repartían y compartían según lo justo. No había superiores o inferiores, eran un solo cuerpo y es lo que debemos continuar siendo.

Luego de leer esto quiero llevarte a la reflexión: ¿Vas a aportara a la unidad o a la fragmentación? Creo que es obvio cual será tu respuesta, pero esto nos lleva a la segunda ¿Qué acciones concretas tomarás en tu vida y en tu llamado para que haya unidad en tu iglesia? ¿Te comportarás de manera solícita trabajando en la unidad de tu familia, grupo, célula o iglesia? Pide a Dios sabiduría para hacer una buena estrategia y pídele mucho amor para ejecutarla solo(a) o con tu equipo.

Por último, quiero dar un mensaje a la iglesia en general, a todos los discípulos de Jesús en el mundo: Trabajemos en la unidad, seamos humildes, pacientes, perdonemos y pidamos perdón pronto, dejemos el orgullo y restauremos relaciones. No lancemos ni permitamos comentarios en contra de líderes, otras iglesias o pastores, vivamos para alegrar el corazón de Jesús, caminemos en amor y creceremos como lo hicieron los primeros discípulos. Imitemos su fe.

Sam Prz . Somos Vida Blog

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