Bálsamo para el corazón


“El sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas” Salmo 147:3

Quiero comenzar con este pasaje porque es el que ha estado tan presente durante este tiempo en mi vida. Hace 14 días falleció unas de mis mejores amigas así que estás dos últimas semanas han estado llenas de tantas emociones que de una u otra manera sacan a relucir eso que muchas veces queremos evitar y es el dolor.

Nosotros somos Espíritu, alma y cuerpo (1 Tesalonicenses 5:23) algo que no debemos olvidar. Las heridas del alma podemos compararlas a las heridas físicas, si a una herida no se le da tratamiento oportuno y adecuado, esta se puede abrir, lastimar y además se puede infectar, contaminar, y producir malestar en el cuerpo. Así mismo, ocurre cuando no le damos tratamiento a las heridas del alma, estás nos pueden enfermar tanto mental, emocional y físicamente.

Lo primero que tenemos que hacer, es identificar qué es eso que nos está dañando para poder sanar. A lo largo de nuestra vida de una u otra manera pasamos por situaciones que dejan una herida algunas de estas pueden ser: sentimientos de rechazo, diferentes tipos de abuso, humillaciones, traumas, ofensas, relaciones fracasadas, la pérdida de un ser querido, etc. Cuando conocemos a Jesús le entregamos todo, pero en otras ocasiones ocultamos estás heridas. Siempre he pensado que nadie debería pelear sus batallas solo ¡Sí! Dios está con nosotros, pero también Él pone personas que nos ayudan a sobrellevar este proceso.

Como les contaba al inicio, el día que perdí a mi amiga sentí algo que jamás había experimentado antes y sé que quizás lleve un tiempo sanar por completo mi pérdida. Sin embargo, algo de lo que estoy completamente segura es que Él jamás me ha dejado, ese día estuvo conmigo consolándome como lo prometió, recordándome lo que su Palabra es, fue y siempre será un bálsamo a mi corazón.

 He aquí, yo le traeré salud y sanidad; los sanaré y les Revelaré abundancia de paz y de verdad. Jeremías 33:6, es mi oración que Dios sané todo en tu vida, que el llegué con su unción y haga en ti lo que necesitas. Habla y busca ayuda para hablar de eso que no hablas con nadie, pero sobre todas las cosas búscalo a Él y verás cómo sanará tus heridas.

Tú eres mi escondite y mi escudo; en tu palabra he puesto mi esperanza. -Salmos 119:114

Te envió un fuerte abrazo

¡Dios te bendice!

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