Yo, después de Cristo

BITÁCORA DE SAM

A lo largo de la vida nos suceden muchas cosas, por ejemplo, recuerdo que de pequeño me peleé con un niño más grande, era un niño abusivo, estaba molestando a mi hermanito, no lo dejé y me botó mi primer diente. En otra ocasión iba en la bicicleta con mi hermanito, yo iba manejando y él parado en los tacos de atrás. No sé por qué, pero creímos que sería increíble saltar dos graditas (hacia abajo) que estaban frente a nosotros, fue una terrible idea. Caímos de cara y la bicicleta nos cayó encima regalándonos unos buenos raspones y moretones…

Recuerdo mi primer beso, no fue para nada como lo imaginaba, pero no entraré más en detalle por hoy. Como todos he pasado por situaciones buenas, malas, tristes y divertidas. Me han asaltado, me quebré un brazo, me han chocado cuando recién había comprado mi carro, he tenido buenas calificaciones, he sido abanderado y he tenido que sacar clases en retrasada, me he enamorado y me han roto el corazón. He rechazado y me han rechazado, de hecho, también fui rechazado por la universidad en que soñaba estudiar y 12 años después de muchas situaciones logré graduarme de allí. He tomado buenas decisiones y he tenido que asumir las consecuencias de las malas. He tenido grandes momentos de fe y también grandes momentos de debilidad. A mis 33 años he celebrado el nacimiento de los hijos de algunos amigos y hace un año tuve que enterrar a mi hermano y decirle un hasta pronto con un corazón muy roto.

Todo esto y otras cosas han sucedido en mi vida, en muchas de ellas me sentí inseguro y herido, en otras me sentí muy feliz y lleno de satisfacción. Cada una de estas experiencias, acciones y decisiones han marcado, formado y deformado mi corazón durante mucho tiempo.

Haré un pequeño paréntesis: En la biblia hay una historia corta pero impresionante, está en Marcos 10.46-52. La historia habla de Bartimeo, era un hombre ciego que mendigaba en las orillas de un camino. Cuando escucha que Jesús está cerca, activa la poca fe que le queda y empieza a gritarle desesperadamente: ¡Jesús! Hijo de David, ten misericordia de mí. Lo sigue haciendo con todas sus fuerzas cuando de pronto Jesús lo escucha, lo manda a llamar y le concede la petición.  En un instante de compasión Bartimeo pasó de ser un mendigo ciego a ser un hombre restaurado y cuenta la historia que sin dudar empieza a seguir a Jesús en el camino.

Les comparto esta historia porque de alguna manera la enlazo con la mía. Hace unos años atrás me encontré con Jesús, pasaba por una temporada digamos “desértica espiritualmente” en mi vida. Estaba sediento, enfermo en mi interior, mas bien era como una mezcla de oscuridad con heridas y soledad. Era un desastre y maraña de emociones con una máscara de “todo está bien”. En fin, esa tarde con un corazón destrozado y usando la poca fe que me quedaba oré y él escuchó. No solo escuchó, respondió puntualmente tres veces a través de tres personas que yo no conocía. Eso activó mi fe, empezó a sanar mi corazón y desde ese día mi vida es diferente.

Te diré que no estoy más en un desierto, y si lo estuviera ahora lo vería con otra perspectiva. Te diré que desde que decidí dejar a un lado mi orgullo y activar la poca fe que me quedaba pude sentir la compasión y la gracia de Jesús. Ahora vivo de una manera diferente, he aprendido que en los desiertos fueron formados Abraham, David y el mismo Jesús. Vivo agradecido, no hay mas soledad ni tristeza, solo una cálida luz de esperanza y tengo un gran propósito en la vida: Servir y otorgar gracia a todos los demás, impactando vidas con el amor de Jesús a tal punto que ellos se levanten un día para hacer lo mismo por otros.

Entonces, si has estado en una mala temporada o toda tu vida ha sido un desastre emocional como lo era la mía, este es un buen momento para decirle a Jesús, te necesito, solo(a) no puedo. Él sin duda escuchará, se acercará y te dará ese nuevo inicio para que empieces a vivir como él lo anhela para ti. Tan solo retoma esa conversación con él que había estado en pausa.

Con el equipo de Somos Vida te mandamos un fuerte abrazo y te recordamos que estamos para servirte.

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