Después de la tormenta…aun no viene la calma.

Hay etapas en nuestra vida que son un poco complicadas y difíciles de sobrellevar. Hay momentos en nuestra vida en el que el tiempo se vuelve “nuestra esperanza” para que las cosas cambien y mejoren. Hay temporadas de las que quisiéramos salir, pero pareciera que “llueve sobre majado”. De alguna manera pareciera que la vida en vez de mejorar empeora. Cualquiera que sea el nombre de esa circunstancia, pareciera que ese gigante una y otra vez viene a nuestra vida a retarnos y aunque sabemos que debemos enfrentarlo estamos inmóviles y nos sentamos con una gran impotencia, desesperación y hasta resignación.

“No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”.

2 Corintios 4:18 RV1960

Hay algo que quiero dejar bien en claro, y lo he escrito muchas veces y lo vuelvo a hacer porque creo que es necesario comprender que las adversidades a las que nos enfrentamos, que los problemas que vienen a nuestra vida no están asociados a que Dios nos está castigando, que Dios está como un padre malvado que se deleita en ver a sus hijos sufrir o como un verdugo esperando a que fallemos para castigarnos repentinamente. De ninguna manera, pero vivimos en este mundo que no ha sido restaurado, vivimos en un cuerpo imperfecto, y aunque estamos en el proceso somos seres humanos débiles con muchas cosas por mejorar. Estos problemas que surgen y parecieran que no acaban vienen porque simplemente la vida es así. La vida es complicada, es difícil y muchas veces te tira al suelo, pero en medio de todo lo que podamos vivir Dios está de nuestro lado y Su mano poderosa nos sostiene. En medio de este mundo caótico Dios toma esas circunstancias para que nos ayuden a bien; para cumplir con Su propósito (Romanos 8:28-30)

“No fue por sus pecados ni tampoco por los de sus padres —contestó Jesús—. Nació ciego para que todos vieran el poder de Dios en él”

San Juan 9:3 NTV

Nicky Gumbel en su devocional de “La biblia en un año” menciona una frase que me encanto y dice:

“En ocasiones Dios calmará la tormenta, pero en otras ocasiones, te calmará a ti”

Nicky Gumbel- La Biblia en un año, 2020.

Hay una gran diferencia entre las personas que enfrentan problemas tras problemas, circunstancias adversas, debilidades o fracasos y es su actitud; la manera en la que decidimos enfrentar esos problemas.

Podemos ver todas esas circunstancias como un castigo divino y victimizarnos o confiar en Dios, creerle a Él, aun cuando las circunstancias no cambian, aun cuando todo alrededor pareciera igual. Dios está esperando que en medio de los problemas elijamos creerle a Él. Y precisamente es por lo que en ocasiones Dios elige no calmar la tormenta sino elije calmarte a ti, trabajar en ti, restaurarte a ti, sanarte, limpiarte y transformarte. Es como si Dios tomara esas circunstancias adversas y la convirtiera en un estupendo taller donde nos pule y nos ayuda a ser mejores versiones de nosotros mismos.

Y después de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables.

1 Pedro 5:10 NVI

Posiblemente hoy no veas cambio alguno, posiblemente veas que las cosas en vez de mejorar empeoran y ese famoso refrán que dice “Después de la tormenta viene la calma” pareciera que no se cumple contigo. Pero hoy quiero que cambies esa actitud negativa y veas la vida con ojos eternos. TODO en esta vida es temporal y pasajero. Dios te va a ayudar a salir de esas dificultades, pero probablemente no ha calmado la tormenta porque te está cambiando a ti.

Te animo a que en esta etapa de tu vida puedas refugiarte mas y mas en El Señor, que elijas confiar y creer en Él, que en vez de buscar protección y refugio en cosas temporales y pasajeras pongas tu confianza en Dios porque Él no te fallará.

Esa circunstancia adversa se acabará, pero en medio de este momento, decide estar en el sitio correcto y no te des por vencido.

“Es por esto que nunca nos damos por vencidos. Aunque nuestro cuerpo está muriéndose, nuestro espíritu va renovándose cada día. Pues nuestras dificultades actuales son pequeñas y no durarán mucho tiempo. Sin embargo, ¡nos producen una gloria que durará para siempre y que es de mucho más peso que las dificultades!”

2 Corintios 4:16-17.

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