Ser agradecidos, un estilo de vida

Me imagino que han escuchado ésta palabra: “Gracias”. La hemos usado como regla de buenos modales y, también como un gesto cuando alguien nos ayuda en algo. Pero, pocas veces la hemos asociado a una condición de nuestro corazón, a un sentimiento o actitud constante que nos hace ver las situaciones desde otra perspectiva.


Ser agradecidos va más allá de pronunciar con nuestros labios esa palabra de 7 letras. La gratitud implica reconocer activamente aquello que alguien ha hecho por nosotros. Incluso está relacionada a un corazón sano por las emociones positivas que produce en nuestro cuerpo y alma.


Les quiero llevar a reflexionar sobre este tema, a la misma vez que soy ministrada por el mismo porque considero que hoy día no estamos viviendo a plenitud la vida que Jesús nos regaló debido a que nos falta gratitud. Cuando no estamos siendo agradecidos es fácil enfocarnos en lo negativo o difícil de las situaciones que estamos enfrentando. Puede convertirse en un hábito tan silencioso (que no lo notamos) que nos conduzca a olvidarnos de lo que Dios ha hecho a favor de nosotros ya sea en el pasado lejano o reciente.
La gratitud más que algo que sentimos interiormente, debe producir una conducta. Por ejemplo, si es una persona que te ayudó con unos papeles legales que necesitabas, pues aparte de darle las gracias tal vez le obsequies un postre como muestra de agradecimiento. En el caso de Dios, esto nos debe impulsar a obedecerle, agradarle aún más que antes.


Un corazón enojado, con falta de perdón, estresado o triste no podrá percibir los pequeños detalles cotidianos que Dios le regala. Pero, no todo está perdido. Siempre podremos hacer un STOP en nuestras agendas (ya sea breve o largo) para detenernos a meditar en lo bueno que Dios ha sido con nosotros, independientemente seas creyente o no. Recordar las personas y situaciones que Él ha utilizado para nuestro crecimiento y demás.


El salmista David recordaba constantemente la misericordia de Dios para su vida. David sabía que había fallado y que no merecía el perdón de Dios por su pecado, pero aún en tiempos de la ley, Dios le mostró su gracia.


Ayer asistí a la funeraria donde una amiga perdió a su papá. En medio de la tristeza ella me comentaba lo agradecida que estaba porque su papá, días antes de morir confesó a Cristo y lo recibió en su corazón. Fue un momento en la madrugada tan impactante, que al otro día su semblante cambió y, hasta le comentó a una persona que era cristiano para gloria y honra del Señor. Se veía tan recuperado, pero Dios decidió llevárselo. En medio de lágrimas, me expresaba que le dolía mucho la pérdida de su padre pero que no lloraba sin esperanza porque ella sabe que cuando este mundo acabe y Cristo venga, su papá estará con el gran grupo que decidió reconocer a Cristo.
Más tarde, mi pastor compartía una reflexión con los que estábamos presentes en aquel lugar y hacía una pregunta: ¿Merecemos la salvación? Y hoy espero que te la hagas, porque: Tengas muchos o pocos años en la Iglesia: NO MERECES LA SALVACIÓN.
Seas una persona dadivosa o que ayuda sin interés a otros: NO MERECES LA SALVACIÓN.
Ya sea que consideras que no le haces mal a nadie: NO MERECES LA SALVACIÓN.
Tengas o no un ministerio grande, buen empleo o muchas posesiones: NO MERECES LA SALVACIÓN.


Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, Romanos 3:23 RVR1960


Ninguno de nosotros merece la salvación que es a través de Cristo Jesús. Nada de lo que hacemos se compara a lo que Jesús hizo por ti y por mí en la Cruz.
¿Y qué tiene que ver la gratitud con lo que hizo Jesús por nosotros?
Pues hasta que no reconozcamos lo que Jesús hizo por nosotros y lo que sigue haciendo día tras, no podremos disfrutar a PLENITUD el propósito por el cual Él nos salvó y nos dio una misión para realizar en esta tierra.


Es un tiempo de volver a recordar lo que significó esa Cruz. Él tomó nuestro lugar, cargó con nuestros pecados siendo SANTO e INOCENTE. Guardó silencio ante la humillación, desprecio y traición de quienes le rodeaban, todo por ti y por mí.
Luchó en el Getsemaní, pero venció. Su muerte significó vida para nosotros. No merecemos tanto amor, pero aún así lo entregó todo por amor.


No le importó nuestros defectos o debilidades, nuestro pasado doloroso o corazón destrozado. No le importó la familia en que fuimos criados ni la posición socioeconómica que tenemos. Él simplemente vio una oportunidad para derramar su amor y salvarnos de la muerte, del pecado que nos tenía alejado de Dios. ¡Cómo no agradecerle!


Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. Efesios 2:4‭-‬10 RVR1960‬


Te invito a tomarte 5 o 10 minutos en este momento para pensar y dar gracias a Dios por enviar a Su Hijo a morir en la Cruz.
Y, sino eres creyente pero reconoces que fue mucho lo que Jesús hizo por ti, recuerda lo que dije al inicio del post, la gratitud es más que un sentir, debe llevarte a una conducta. Y, en tu caso, la mejor manera en que puedes mostrarle a Jesús lo agradecido/a que estás por todo lo que hizo por ti es ENTREGANDO TU CORAZÓN A ÉL, confesando tus pecados y recibiéndolo en tu corazón.


Puedes hacer la siguiente oración si decides aceptar a Cristo en tu corazón e iniciar una relación personal con Él:
“Señor Jesús, reconozco que moriste por mí en la Cruz y que ese sacrificio no fue en vano. En este momento te pido perdón por todas las cosas malas que he cometido hasta el día de hoy. Me arrepiento de no haberte incluido en mis decisiones y en las demás áreas de mi vida. Hoy decido creer en ti Jesús y te pido que me recibas como hijo/a. Escribe mi nombre en el libro de la vida y ayúdame a vivir para ti el resto de mis días en este mundo. Guíame a una Iglesia que me ayude a crecer y que predique la sana doctrina. Úsame para ser instrumento de salvación para otros como hoy yo he recibido salvación. Quiero conocerte más y tener una relación personal contigo. En el nombre de Jesús. Amén”.


Si hiciste esta oración háznoslo saber por medio del blog. Bendiciones.

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