La impotencia de tener una cicatriz.

Cuando tenía unos 9 años estaba jugando con mis hermanos y primos. Mi casa estaba en construcción y las láminas, madera, martillos y muchas cosas mas estaban en cualquier lugar, todo era un desorden, pero allí estábamos, jugando, corriendo y divirtiéndonos hasta que pase cerca de una lámina a toda velocidad y me corte. No fue de gravedad, pero tuvieron que ponerme puntos y estuve en reposo por una semana. Una eternidad para mí, que tenía nueve años. Yo solo pensaba en jugar, pero esta historia dudo mucho que la vaya a olvidar. Hoy la recuerdo muy bien porque hay algo que me acompaña siempre y es la gran cicatriz que me dejaron los puntos. Cada vez que veo mi brazo izquierdo y miro esa cicatriz, me transporto a mi casa, a los nueve años y vuelvo a recordar lo que pasó.

La gran mayoría de nosotros tenemos cicatrices, algunos las tienen en partes visibles y otros las tienen escondidas y casi no las ven o la gente no las ve y se ahorran la pregunta que algunas veces resulta incomoda. Pero hay otros que tienen cicatrices en lo interior de su corazón, en el alma, que muy poco probable van a poder olvidar. Cuando veo mi cicatriz en mi brazo me recuerdan a mis días de niñez y lo feliz que era jugando, corriendo y sonriendo. Hubo un poco dolor y la cicatriz no es tan bonita, pero es un recordatorio en mi corazón que fui un niño feliz. Pero ¿Qué hay de las cicatrices que tenemos y que cada vez que alguien las ve y nos pregunta sobre ella nos avergonzamos o simplemente no queremos hablar del tema? ¿Qué hay de esas cicatrices que nadie más sabe, esas cicatrices que solo están en nuestra memoria y en el dolor que surge cuando las recordamos? Sin duda alguna esas son las que mas duelen.

A mi me maravilla que Dios le pone gran interés a la memoria. En los primeros relatos de la Biblia lo vemos diciéndole al hombre que recuerde lo que tiene que hacer. ¿Se recuerdan del arca de Noé? Es una historia que la mayoría de nosotros la conocemos y que contiene una profundidad espectacular. Hay muchos temas, enseñanzas y cosas interesantes que podemos discutir al respecto. Para recordarles un poco, Dios escoge a Noé en medio de una humanidad completamente depravada y llena de pecado para salvar a Su Creación y a la humanidad. Dios manda un diluvio que duro cuarenta días y cuarenta noches. Pasaron muchos meses más para que Noé, su familia y los animales salieran a tierra, cuando lo hacen, inmediatamente Noé junto a su familia ofrecen una ofrenda a Dios y sin duda alguna Él la ve con agrado y luego dice esto:

“Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que yo establezco entre mí y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos: Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra. Y sucederá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se dejará ver entonces mi arco en las nubes”

Génesis 9:12-14 RVR1960.

Es interesante ver que Dios deja un recordatorio en la lluvia, un arcoíris para que cada vez que este apareciera se recuerde de la promesa que no mandar un diluvio que borre todo lo que hay en tierra. Lo mismo puede pasar con las cicatrices que tenemos, estas pueden ser un recordatorio de dónde Dios nos sacó. Pueden ser un recordatorio que Dios ha sido fiel con nosotros y que en cada situación difícil Él está con nosotros. Puede ser un recordatorio de una promesa que en ese momento tan complicado que pasamos Él nos dio.

Además de esta historia, Dios nos enseña mucho sobre el sufrimiento y los momentos adversos que pasamos. Por supuesto que no es agradable llevar una cicatriz en nuestro cuerpo y por supuesto que no es placentero llevarla en nuestro corazón. No es nada bueno llevar en nuestra mente recuerdos de momentos complicados, momentos que no quisiéramos que se repitieran, momentos que sin duda alguna no se lo deseamos a nadie. Aun así, la Biblia nos da un relato interesante cuando Jesús después de resucitar se aparece a sus discípulos:

“Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron”

San Juan 20:24-29 RVR1960

Quiero que nos enfoquemos en que Jesús lleva las heridas y las cicatrices de lo que pasó en la Cruz del calvario. No podremos ser libre del dolor y del sufrimiento, no podremos ser inmunes a que alguien unilateralmente nos rompa el corazón, que en algún momento nos hayan lastimado con palabras o acciones. No podemos controlar que alguien haya sobrepasado los límites de nuestra integridad y haya dejado una huella de por vida. No podemos ser libres de pasar por diferentes adversidades y momentos complicados, que no podemos controlar y sentir una impotencia enorme y gran dolor en nuestro corazón, pero aun en medio de todo el dolor podemos aprender que las cicatrices que hay en nuestras vidas son recordatorios que Dios estuvo ahí, que está y que siempre estará. Las cicatrices en nuestra vida pueden ser recordatorios de pactos que hicimos con el Señor para servirle o para entregarle nuestro corazón. En medio de todo el dolor Dios lo toma para recordarnos que Él es fiel.

Y lo mismo pasó con Jesús, me parece curioso que Dios siendo todopoderoso en la resurrección de Jesús dejo que las heridas y cicatrices aun estuvieran ahí y aunque no está en la Biblia diré algo temerario al respecto y es que Jesús dejo esas heridas y cicatrices abiertas para recordar el gran precio que tuvo que pagar por nosotros y que cuando Él necesite recordar por qué es que nos salvó vea sus heridas y recuerde el por qué.

Estoy pasando por un momento muy complicado en mi vida y estoy seguro de que está herida se convertirá en una cicatriz que me recordará cuando lo necesite que Dios, a pesar de que hoy no entendamos muchas cosas, es bueno, es fiel y Su Gran Amor es para siempre. Nosotros vemos el panorama incompleto, pero Dios ve todo y cuando lleguemos a entender porque es que pasamos por un momento difíciles veremos esas cicatrices en nuestro corazón y entenderemos el por qué.

“Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”

2 Corintios 4:17-18 RVR1960.

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