¡Aprendiendo a esperar!

Hace unos días estaba recordando la gran historia de Abraham. La Palabra de Dios lo pone como uno de los mayores ejemplos de Fe y de perseverancia. Incluso, su vida le sirvió al Apóstol Pablo para enseñarnos lo que significa ser Justos a través de la Fe y la confianza en Dios.

La historia de este pionero es realmente asombrosa. Voy a tratar de contárselas en pocas líneas. Estoy seguro que ya la sabes y si no, te invito a que la puedas leer por completo porque estoy seguro que bendecirá tu vida y te enseñará mucho.

La historia se pone interesante cuando Dios le hizo la promesa de que tendrán un hijo a Abraham y a su esposa, Sarah. Nada fuera de lo normal ¿no? Pues esta promesa venia con un poco de dificultad porque Abraham ya era muy grande en edad y Sarah también. Ellos ya se habían conformado a no tener hijos. Incluso Sarah menciona que es estéril y que eso es imposible, pero a pesar de eso Dios les da esta promesa.

¿Te ha pasado lo mismo? ¿Sientes que ya no hay esperanza?, ¿Sientes que esa petición que le has hecho a Dios es imposible y que ya es muy tarde? Has dicho “Ya no se puede cumplir en mi vida”. Es más, ¿llegaste a conformarte con lo que tienes? Para serte muy sincero a mi si me ha sucedido. Hay peticiones que le hecho a Dios y promesas que Él me ha dado que simplemente no han pasado, pero aun así Dios sigue recordándomelas, Dios sigue dándome promesas. El hecho es que Dios no trabaja como nosotros lo hacemos. La manera de obrar es completamente diferente. Nos olvidamos que Dios no está sujeto al tiempo. Que no se te olvide que Dios va a cumplir con Sus promesas, pero aun así esa desesperación llega a nuestra vida y la duda hace que cometamos errores al no esperar con afirmaciones sobre nuestra vida que contradicen la voluntad de Dios.

Lo que me parece interesante es que Dios sabia que Abraham ya era de avanzada edad y que Sarah era estéril y aun así le dice: “Tendrás un hijo”. Es que Dios es así, Dios no ve nuestras debilidades, ni ve lo que nos falta. Él ve la capacidad que hay dentro de nosotros. Él ve lo mejor de nosotros y por eso es que nos llama aun cuando estemos en mal momento, aun cuando pensamos que no tenemos ningún mérito. Dios nos ve de una manera diferente porque Él nos ve como realmente somos. Como Sus hijos amados.

Cuando Dios les dio esta promesa, no pasaron los nueve meses correspondientes de gestación, no pasaron un par de años, ni diez años sino pasaron unos veinte años. ¡Si! Veinte años que fueron difíciles. A veces cuando estoy en la cola del banco me siento impaciente y creo que nunca voy a salir de ahí, no me quiero imaginar a Abraham esperando veinte años para que esa promesa se cumpliera.

Cuando leemos los personajes bíblicos creemos que están fuera de nuestro alcance, que nunca podremos imitarlos ni llegar a ser como ellos, pero resulta que son un poco parecidos a nosotros. Gente imperfecta, gente con necesidades y debilidades pero que tienen a un Dios poderoso y ese mismo Dios que estuvo con ellos, está con nosotros. Y te digo esto porque en este proceso de espera, Abraham y Sarah comenten un error bastante grande. En esta desesperación Sarah le dice a su esposo que tome a Agar, su sierva para que con ella puedan tener ese hijo. Sarah le estaba “dando” una pequeña ayuda a Dios.

¿No te parece familiar? ¿No crees que nosotros hacemos lo mismo? A veces en ese proceso de espera nos impacientamos con esa promesas y petición no cumplida que “ayudamos a Dios”. Hay un dicho muy popular y nada bíblico que dice: “Ayúdame que yo te ayudare”. Una frase que no es aplicable cuando Dios quiere obrar en nuestra vida y a través de nuestra vida. Dios no necesita de nuestra ayuda para cumplir con lo que promete. Pero si hay algo que nos pide y es que esperemos, que aprendamos a confiar y creer en Él.

La vida cristiana no es una vida light como algunas veces queremos que sea. Jesús nos vino a enseñar que debemos pasar por diferentes circunstancias y diferentes procesos para crecer. Nuestro objetivo es parecernos más a Él. Su vida misma en la tierra es la demostración de este punto. Y precisamente aprender a esperar es uno de esos puntos en los que debemos enfocarnos y crecer. 

Yo se que la vida es demasiada rápida para esperar. Nuestro mundo nos enseña a disfrutar de los momentos y de “crearlos” si fuera necesario, pero nosotros, los que vivimos de diferente manera, los que tenemos una mentalidad de reino debemos comprender que nuestras normas no son de este mundo y que muchas veces vamos a tener que esperar. ¿Va a doler? Seguramente. ¿Va a ser difícil? Claro, ¿Vamos a desesperarnos? Por supuesto que sí, pero es ahí donde tenemos que crecer. Ante la desesperación que nos da la vida podemos elegir “ayudar a Dios” como lo hizo Sarah y Abraham o podemos elegir esperar y confiar en Dios. A veces necesitamos ser un poco pasivos, pero también debemos ser valientes para arrebatar lo que Dios nos quiera dar cuando sea tiempo.

Si somos desesperados y elegimos darle una “ayudadita a Dios” debemos estar conscientes que habrá consecuencias. No porque Dios sea malo y quiera vernos sufrir sino porque son las consecuencias de nuestras malas decisiones. Para terminar la historia de Abraham y Sarah y de ejemplificar este punto te cuento que, a raíz de tomar la sugerencia de Sarah, (de que Abraham tuviera un hijo con Agar), nació Ismael. La Palabra de Dios menciona que Abraham lo amaba, pero Dios le dijo claramente que Ismael no era la respuesta de Su promesa, sino que debía esperar a que llegara su hijo legitimo con Sarah y así fue. Un tiempo después nace Isaac y la Promesa de Dios se cumple.

Dios es muy fiel y bueno que a pesar de nuestras faltas y nuestros errores Él no deja de cumplir con Su Palabra y Sus promesas. Eso es lo que me fascina de Dios, su Fidelidad y Su paciencia. Es realmente cautivante comprender que Dios va a cumplir su propósito en mi vida a pesar de mis debilidades y faltas. Pero a pesar de eso, las consecuencias de nuestra falta de espera llegan a nuestra vida. La descendencia de Ismael se convirtió en grandes naciones que hoy por hoy rodean a el pueblo de Dios, Israel. Según dicen algunos historiadores bíblicos, los hijos de Ismael son los pueblos árabes y que en su mayoría son enemigos de los descendientes de Abraham y Sarah. ¿Te imaginas hasta que punto llego la consecuencia de no esperar? Literalmente una mala decisión llego a crear los futuros enemigos para el pueblo de Israel y ¿Por qué? Por no aprender a esperar.

Hoy quiero dejarte este mensaje; aprendamos a esperar, aprendamos a confiar en Sus promesas y creer en Él. Eso que no veas nada, que no sientas nada, que no oigas nada de lo que Dios te ha dicho no significa que Dios no vaya a cumplir con lo que te ha dicho. Lo que significa es que hay que esperar un poco más. Cuando te sientas con mas desesperación y la incredulidad llega a atacarte, recuerda que la noche es más oscura cuando está a punto de amanecer. Así pasa cuando creemos que eso que le hemos pedido a Dios no se va a cumplir, si esperamos un poco mas veremos el amanecer de las promesas de Dios en nuestra vida. Así que aprendamos a esperar y por experiencia propia, la espera se vuelva más fácil de sobrellevar cuando lo haces en Su Presencia. Cuando te sumerges en adoración e intimidad y declaras con Fe que esas promesas se van a cumplir en tu vida. Como dijo David:

Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, Y confiarán en Jehová.

Salmos 40:1-3 RV1960

Como leí en un libro, te lo digo: Si habláramos con Abraham y le dijéramos que nos diera un consejo, tal vez nos diría: ¡Por favor espera! ¡Por favor no cometas un Ismael en tu vida! ¡Dios va a cumplir con lo que te ha prometido!

Dios te bendiga mucho. Y recuerda que no importa cómo nos encontremos, ¡Siempre es bueno dar una Palabra de Vida!

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