Transiciones

¡Transición!, ¿te suena familiar? Es como cuando terminas la escuela y pasas a la universidad, cuando ya eres profesional y empiezas a trabajar, cuando eres soltero/a e inicias una relación sentimental, cuando te casas o vas a ser papá/mamá, cuando pierdes algún familiar, cuando te quedas huérfano, cuando quedas sin empleo o tienes un accidente que te deja discapacitado, cuando ha llegado el tiempo de lanzarte hacia el ministerio al cual Dios te llamó, entre otros. Cualquiera de estas situaciones conllevan una transición.

¿Vas entendiendo? Transición es pasar de un estado a otro. Esto implica un cambio de ser o estar que se extiende por un período de tiempo.

“Las transiciones son temporadas determinantes en nuestras vidas. Son tiempos en los que debemos adaptarnos a lo nuevo para poder asumir con valentía el llamado específico de Dios para nosotros en ese intervalo de tiempo”.

Las transiciones son temporadas donde nos sentimos vulnerables por los grandes cambios y desafíos que traen consigo una nueva etapa. Son tiempos donde Dios nos mueve de posición o lugar y nos forma en carácter. Son tiempos tan delicados y decisivos que pueden ser aprovechados por el enemigo para debilitar nuestra fe.

En la Biblia encontramos dos hombres a quienes Dios cambia de posición (o circunstancia) y, desarrolla en ellos, un carácter maduro en la fe. Estos hombres son llevados por Dios a una temporada de TRANSICIÓN:

-El primero es el profeta Elías (1 Reyes 17: 1-16), quien dirigido por Dios a profetizar que no llovería en la tierra por cierto tiempo, se vio en la necesidad de mudarse junto a un arroyo donde Dios lo sustentaba a través de cuervos que le llevaban alimento. Pero…

Pasados algunos días, se secó el arroyo, porque no había llovido sobre la tierra. 1 Reyes 17:57 RVR1960

Y es allí donde inicia la transición para Elías. El arroyo se había secado por la palabra de Jehová a través de su boca de que no llovería sobre la tierra. Imagínese ese panorama, Elías se había quedado sin agua y comida. Pero Dios, quien siempre tiene un plan lo redirige a su próximo destino: un nuevo lugar, un reto de fe.

Elías es movido por Dios a Sarepta de Sidón. A simple vista, podríamos decir que Dios lo movió para que la viuda lo sustentara ya que el arroyo se había secado, pero si leemos más adelante descubriremos que había un propósito mayor, más que simplemente alimentarlo, Dios quería que Elías usara sus dones para edificar la fe de una mujer que había quedado sin marido.

Para las personas de aquel entonces, la figura masculina (el hombre) significaba una fuente de sustento. La mujer había perdido su mayor capital, el ingreso para ella y su hijo. No le quedaba más que un puñado de harina y un poco de aceite en una vasija. La viuda había perdido la esperanza. Sin embargo, Dios le envía un profeta (voz de Dios en la Tierra) para despertar su fe.

¿No parece ilógico que la persona que Dios ordenó para sustentar al profeta no tenía (humanamente) los recursos necesarios para alimentarlo? Elías pudo haber cuestionado al Señor sobre sus intenciones al enviarlo a esa ciudad, pero no lo hizo. Sin embargo, “Elías eligió creerle a Dios y su fe vio un milagro cuando otros vieron una limitación. Elías conocía al Dios que provee”.

La actitud de Elías fue producto de las experiencias pasadas que había tenido con Dios, como cuando el Señor envió cuervos para que lo alimentaran. Elías sabía que de alguna manera Jehová lo sustentaría a él y a la viuda junto con su hijo. Su respuesta ante la transición fue de fe, de valentía. Incluso, como profeta sabía que en su boca y en sus manos estaba el poder para producir un milagro de multiplicación.

Lo que parecía una sacudida de su zona de confort, fue una catapulta para afirmar su fe y la de la viuda de Sarepta. El enemigo no pudo debilitar su fe, pero Elías conocía personalmente al Señor y sabía quien era en Él.

“Las temporadas de transición nunca te podrán destruir si tu convicción de quién es Dios y lo que ha dicho de ti permanecen firmes”.

-Veamos al segundo hombre, Job.

La Biblia describe a Job como un hombre recto, perfecto, temeroso de Dios y apartado del mal (Job 1:1). Job tenía muchísimos hijos y bienes más que todos los grandes de esa época. Pero, en un día, lo perdió casi todo: hijos, animales y otros bienes materiales (Job 1: 13-19).

La primera reacción de Job ante este desastre fue postrarse y adorar al Señor.

“Ante las nuevas temporadas, Dios espera que nos postremos y le adoremos porque por y para Él vivimos”.

Pero, esto no acaba ahí. Dios le permite a Satanás tocar el cuerpo de Job con una enfermedad dolorosa (llagas). Mientras que su primera reacción ante la pérdida de sus hijos y bienes fue adorar al Señor, su segunda reacción nos revela la necesidad de transformación que necesitaba su corazón.

Aunque en sus inicios estuvo callado por tan grande dolor, vemos como Job abre su boca (instrumento de adoración) para maldecir el día en que nació (Job 3:1‭-‬4).‬

“En los momentos de transición seremos tentados a usar nuestra boca para maldecir, ya sea a través de quejas, chismes y/o pleitos que expresen inconformidad e incomodidad por la nueva temporada que acaba de iniciar. Incluso, seremos tentados a desear volver atrás para poder tener aquello que perdimos. Si cedemos ante esto, podría llevarnos a un estado de profunda tristeza y desesperanza”.

Job entró en una profunda tristeza. Sus tres amigos no le ayudaron, hasta lo acusaron de pecador por lo que estaba viviendo, no entendieron ni vieron el propósito de Dios en él. Sus comentarios hundían en una gran desesperación al íntegro Job. Job se envolvió tanto en su situación que no pudo adaptarse a lo que estaba viviendo y, en múltiples ocasiones, hasta cuestionó la justicia de Dios.

Si caíste y te dejaste envolver en la temporada que se supone que debía hacerte crecer y, ahora te encuentras estancado, Dios te dice: “CLAMA A MÍ una vez más y yo te daré socorro. Lavaré tus heridas y fortaleceré tus rodillas. Aunque quienes te rodearon te pisotearon, hoy yo levanto tus manos y enderezo tus pies para que vuelvas a creer con mayor fuerza que fui yo quien te llamé y jamás te desampararé. Solamente CLAMA UNA VEZ MÁS y me revelaré a ti como lo hice con Job”.

Aún hay esperanza si vuelves tu mirada a Dios. Él está contigo en cada temporada. Él es inmutable: nunca cambia. El es Fiel y siempre lo será.

Estoy creyendo que al final de esta transición, ambos podremos decir como dijo Job: “De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven”. Job 42:5‭ RVR1960‬‬

Dios te bendiga,
Patricia M.

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