!Ha caído el Rey! (El llamado de Isaías)

Isaías es el profeta que nos da una mayor apreciación de Jesucristo, y su obra redentora, fue escrito aproximadamente 700 años a.C. (Antes de Cristo). Hoy vamos a estudiar un pequeño fragmento del maravilloso libro del Profeta Isaías, que se encuentra en el Capítulo 6: Su Llamado.

En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo.

Isaías 6:1

Primeramente, la historia del Rey Uzías se encuentra en 2 Crónicas 26, al observarla nos damos cuenta que su reinado fue uno de los mejores de Jerusalén, el llamado de Isaías comienza con una mala noticia, un anuncio que seguramente nadie pasaría desapercibido, el gran rey que desde sus 16 años de edad, gobernó Jerusalén 52 años, este Rey ha muerto, lo que significa que un caos político, social y económico se aproximaba al reino de Jerusalén. En medio de todo el drama que se está viviendo, Isaías ve al Señor sentado sobre su trono alto y sublime. El Apóstol Juan en su Evangelio, nos aclara que la visión que Isaías tiene es una visión de Jesucristo antes de su encarnación.

Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló acerca de él.

Juan 12:41

Isaías ve la gloria de la segunda persona de la Trinidad, del Rey del Universo, Jesucristo el eterno, sentado en su trono. La indicación que da: Sus faldas llenaban el templo, se refiere a un énfasis de su realeza, sus vestimentas eran tan largas que llenaban el templo celestial.

Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban.

Isaías 6:2

A continuación se da una descripción anatómica de los serafines, la única en toda la escritura, dos alas son las únicas que les sirven personalmente, para volar, otras dos cubren sus rostros, debido a que ellos están en la misma presencia de la Gloria de Dios, y así como Moisés al estar en la presencia de Dios tuvo que cubrir su rostro, cuando la espalda de Dios pasaba frente a Él (Éxodo 33), debido a que nadie puede ver a Dios y quedar vivo, sin embargo Isaías nos recuerda a que un día en la eternidad nosotros podemos ver cara a cara la Gloria de Dios. Y las otras dos alas, son para cubrir sus pies, otra similitud a Moisés en su primer encuentro con Dios en la zarza ardiente, cuando Dios le pide que quite su calzado, porque el lugar en donde está es un lugar Santo, diciendo a Moisés que es un hombre atado a la tierra.

Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo.

Isaías 6:3-4

Entre los ángeles se dicen entre sí el maravilloso canto, que ensalza la Santidad de Dios, la enfatiza, no solo mencionándola una o dos veces, sino tres veces, Dios es Santo, Santo, Santo. Tres veces la Santidad, reflejando la Trinidad. Y toda la tierra está llena de su gloria, porque las cosas invisibles de Él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la reación del mundo. (Romanos 1:20).

Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.

Isaías 6:5

Entonces, Isaías al toparse cara a cara con la Santidad de Dios, exclama, asumiendo su posición como un hombre inmundo, pecador, rodeado de gente inmunda y su expresión señala que tiene miedo a morir al estar delante de Dios. Cuantas veces tenemos miedo al estar ante Dios porque sabemos que somos pecadores y que las cosas que dicen nuestros labios, son inmundas. En medio del pecado que cometemos a diario, y en medio de la sociedad depravada en la que vivimos, así como Isaías, podemos ver al Rey, como lo dice Hebreos 12:2. No solamente saber de Dios, tener información sobre Dios, sino conocerlo personalmente y poder verlo. Isaías está apunto de tener una experiencia única con la Gracia de Dios, reflejada desde el Antiguo Testamento.

Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.

Isaías 6:6-7

Uno de los serafines, con fuego purifica a Isaías, su culpa y su pecado son quitados y limpiados, un tipo de lo que sucedería posterior al Sacrificio de Cristo, en donde el pecado no solo es cubierto, sino eliminado, y la culpa es quitada. Todo esto con un rumbo, un propósito; Dios tiene un pensamiento para la vida de Isaías, un propósito para su vida, mucho más grande que el mismo Isaías, debido a que su ministerio traspasaría la barrera del espacio y tiempo, y aunque en la vida de Isaías, él no vio respuesta a su ministerio, tuvo, tiene y tendrá un gran impacto hacia las vidas que están sedientas de un salvador.

Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.

Isaías 6:8

El pecado no es un problema para Dios, Él quita el pecado, para que podamos escuchar su voz, y darnos un propósito para poder cumplirlo, para cumplir su voluntad, que es soberana y traspasa generaciones. Y la respuesta de Isaías a todo esto, debiera ser nuestra respuesta al llamado de Dios a nuestras vidas: Heme aquí, enviame a mí.

Ánimo.

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