Si importa no se lo dejes a la casualidad

A finales de la década de los 70s se conocieron una pareja de jóvenes en esa etapa de inicio de exploración de la vida y el mundo, uno con intenciones netamente físicas y por el otro lado la ilusión de tener una relación formal. Su encuentro clandestino dio fruto, ella resultó embarazada pero él no aceptó la responsabilidad y como nadie podía dar fe de que hubieran sido pareja ella tuvo que ser madre soltera. 

Cada uno continuó su vida y ambos formaron familia por su propia cuenta. El por su lado nunca habló de la existencia de su primogénito que por cierto fue varón. No fue sino hasta que él cumplió sus 18 años que logró tener un acercamiento con su progenitor y a la vez fue presentando con sus tres hermanos quienes estaban sorprendidos de tener un hermano mayor.

El tiempo transcurrió y de igual manera cada hermano continuó su vida sin hacer el intento de conocerse y ser parte importante en la vida de cada uno.

Uno por uno fueron alcanzando logros y formando sus familias sin tomar ninguno de los cuatro la iniciativa de involucrarse mutuamente. Sus encuentros fueron muy esporádicos y eventuales hasta que la misma vida le dio un giro irreversible a esta historia. 

Una tarde el hermano menor mientras conducía de regreso  a casa, a través de Messenger recibió un mensaje que decía: “le llamé pero no respondió. Perdone pero para esta noticia no hay preámbulo, su hermano acaba de morir”. El mensaje se refería al hermano mayor. 

Justo en ese momento fue fácil saber que sí tenía amor por su hermano, que la incertidumbre de si en verdad eran hermanos de sangre o no, no tenían la menor importancia pero que simplemente habían dejado que el destino a través de las circunstancias se encargara de unir sus corazones y justo ese había sido el más alto error. Era demasiado tarde, ni con exceso de lágrimas se podría corregir.

Aunque pudiera sonar cliché, no lo es, “hay que encontrarle el lado positivo a todo”, bíblicamente sería: “todas las cosas ayudan a bien…” Romanos 8:28. Por un vistazo a la ligera podríamos decir que estas expresiones no aplican para esta historia pero durante el proceso de velación y entierro el hermano menor entendió que en esta vida se debe ser intencional y no permitir que la vida se nos vaya sin mostrarle a nuestra familia que la amamos. Aunque no es fácil, cada familia tiene sus diferencias, cada miembro de familia conoce los errores, debilidades y vergüenzas de los otros y eso hace que muchas veces la convivencia se haga muy difícil pero una verdad es que al final quienes siempre se quedan con nosotros es la familia. Así que nunca es tarde para empezar a ser intencional.

Jesús planificó nuestra vida y nos amó desde antes de la fundación del mundo; ¡eso sí es ser verdaderamente intencional! En ese plan Jesús ya sabía de nuestras faltas así que vino al mundo en forma de humano para enfrentar la batalla que no podíamos ganar y nos dio entrada libre al Padre Celestial a través de la oración en su Nombre y si eso pareciera poco aún sigue intercediendo por nosotros ante el Padre, en verdad Jesús tiene la intención de tener una relación con nosotros.

El hermano menor de esta historia decidió ser intencional con los hijos de su hermano mayor y a través de ellos enmendar lo que no logro con su propio hermano pero de igual manera mejorar su relación con el resto de su familia. Decidió que no buscará consuelo en el “hubiera”; a cambio de eso, si le tocare llorar por la ausencia de algún otro miembro de su familia su llanto será seguido de una sonrisa que los recuerdos de los buenos momentos juntos le provocarán.

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