GIRL POWER III

Seguro ella ya lo había pensado, seguro ella ya había pensado en seguir el consejo de todos los médicos a donde había ido de darse por vencida, de dejar de gastar tanto y seguro estaba cansada, estoy casi segura que todos a su alrededor le habían dicho que tirara la toalla, sin embargo, ella nunca dejó de creer y por eso hizo lo que hizo.

Un acto tan “sencillo” un acto que cualquiera pensaría que sería fácil de completar porque, ¿quién no podría tocar el manto de alguien? ¿quién no podría acercarse a una persona que se sabe que siempre está en público para solo tocar su ropa?

Últimamente, me he dado cuenta que a Dios le gusta que le entreguemos lo que nos aflige, le gusta que confesemos que no podemos hacer las cosas bien sin Él y que le digamos que todo está bajo su control, que confiamos en Él y que sabemos que todo estará bien porque Él nos ama, y porque ha prometido salvarnos de todo, hasta de nosotros mismos. Y así, nos hace ver su gran poder.

Es normal que veamos con frecuencia publicaciones en internet y en donde sea que estemos de personas con cuerpos y vidas “perfectas”, pero debemos estar conscientes que no sabemos nada de ellos ni de sus necesidades, debemos estar conscientes que no vale la pena compararse con otras personas, estén cerca de nosotros o no, porque en realidad no sabemos cómo son sus vidas, deberíamos compararnos con Jesús, y cumplir uno de los propósitos del amor de Jesús, ser purificados en el lavamiento del agua por la palabra, sin mancha ni arruga (Efesios 5:27) qué mejor que compararnos con el mejor humano que ha pisado la tierra, porque al llegar a parecernos tan sólo un poco a Él nuestra vida mejoraría considerablemente.

Dios nos salva de nosotros mismos al quitar cualquier miedo o temor sobre algo, tenemos que tener muy claro que el amor de Dios quita POR COMPLETO el temor. Vivo en uno de los países más peligrosos del mundo, y cuando camino por las calles no pienso en si es una zona segura, no pienso en las noticias que uno ve y escucha a diario, pienso en que el creador del universo me respalda porque me ama, no por algo que yo haya hecho bien, sino porque el en su infinita gracia nos escoge:

“No temas, porque yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; tú eres mío. Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán, sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas”. Isaías 34:1.

Dios me ha salvado de mi misma porque tengo una meta por cumplir, una meta que no es tan fácil, una meta en la que pienso todos los días sin falta, pero estaba dejando que pensamientos confusos desde “yo sé que si se cumplirá” a “si no se cumple pues no importaría tanto” invadieran mi mente más de lo que me gustaba. Así que sentí que no podía más, me postré y se lo entregué, y Dios de nuevo me rescata de mi misma y me aclara que todo estará bien, que Él siempre estará a mi lado y nunca me dejará, que me sorprenderá con los resultados.

Una mujer con un flujo de sangre terrible estaba cansada de probar de todo, pero se dio cuenta que lo que tenía que hacer era entregárselo a Dios, entregárselo de una forma en que no tuviera que volver más con médicos que no sabían lo que tenía, una mujer por fe tocó el manto e Jesús, un solo acto de confianza y entrega la salvó, dejó atrás toda la confusión y declaró con su acto que ella creía en que Dios no la dejaría, creía en Jesús, su amor y su poder. (Mateo 5:25)

¿Cómo te salva Dios de ti mismo?

 

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