El enfoque correcto

Hoy quiero hablarles de algo que nos pasa a la mayoría de nosotros incluida yo, hay veces que en la vida ya sea trabajo, estudio o incluso en proyectos, queremos dar pasos agigantados o abarcar la mayor cantidad de áreas posibles. ¿Cuál es el problema? Quizás hayas invertido mucho tiempo en hacer varias cosas a la vez y también has gastado energía y la realidad es que quedas más agotado que antes y sin finalizar una tarea.

¿A que voy con esto? Es que en ese afán de querer progresar y avanzar en la vida (no me malinterpreten hay que querer más y no conformarse) en medio de todo eso nos perdemos, perdemos el enfoque y de pronto nos encontramos en una situación de la que nos cuesta salir.

La realidad es que hay que cerrar ciclos, etapas, que no hayas podido finalizar para poder avanzar con lo que sigue. Miremos a Pablo

“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”.

Filipenses 3:12‭-‬14 RVR1960

En todo ese trayecto podemos perder de vista a Dios, y desenfocamos de su propósito y de lo que él quiere que hagamos. Tenemos que volver a Él, mirarlo y enfocarnos en Él.

Puestos los ojos en Jesús

 Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, 2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe (…)”

Hebreos 12: 1-2

Puede ser que también tengamos que cerrar ciclos en lo emocional, en eso que te afectó, lo mucho que te lastimó una persona y todavía no pudiste perdonarla, lo que te dolió esa separación de tus padres, el duelo por un ser querido y de seguro debe haber muchas más. Es tiempo de cerrar ciclos, de despojarnos de todo peso que nos asedia y poder seguir la carrera y avanzar porque de otro modo sólo estaremos cargando mochilas y peso innecesario y la cuesta es cada vez más pesada y más difícil.

Dejemos que Dios nos sane y así poder empezar un nuevo capítulo en nuestra vida. No nos olvidemos de mirar a Jesús, porque él nos guía en este camino. Y quizás todo ese Valle de dolor y de angustia que pasaste o que estés pasando, Dios lo permita para un propósito mayor y para que crezcamos y maduremos. Es cierto que nadie quiere pasar tanto dolor; Dios también se aflije cuando sufrimos así como un padre con su hijo. Pero recordemos que todas las cosas ayudan a bien. Quizás hoy no lo veas, pero en un futuro verás la razón. No bajes los brazos, Dios te sostiene y da nuevas fuerzas.

Que Dios te bendiga te mando un abrazo grande!

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