En medio del dolor

Hoy, 7 de agosto, exactamente hace un mes enterré a mi hermano. David es su nombre. La violencia en mi país nos lo arrebató y ha sido el inicio de una temporada muy dura, tanto personal como a nivel familiar.

Desde las 2:00am de la madrugada que recibí la llamada de mi mamá dándome la noticia llorando hasta el día de hoy ha sido un proceso muy complejo.

Pasé de erróneamente cuestionar a Dios, a pelear con él, a reconciliarme con él de nuevo y pensar muchas veces en todo tipo de preguntas y argumentos para debatir con Dios sobre este suceso, a pelear de nuevo, pedirle perdón, reconciliarme de nuevo con él y volver al inicio.  Mi familia y yo servimos a Dios desde hace muchos años, predicamos cada semana en nuestras casas, tanto mis papás como yo de soltero y ahora casado. Servimos incondicionalmente en la iglesia y siempre estamos al pie del cañón cuando llaman a servir.  Invertimos tiempo, recursos, gasolina, recorremos distancias largas, servimos al necesitado, estamos para las personas 24/7 etc. En la iglesia donde asisto, dirijo junto a mi esposa y otra pareja de amigos una red de jóvenes, hemos formado 30 discípulos/líderes de grupo quienes a su vez están formando y levantando más discípulos/líderes, hemos logrado abrir muchos grupos en casa (células) en algunas zonas de la capital y fuera de ella donde predicamos a Jesús cada semana. Conozco a Dios, lo he predicado cientos de veces en tantos lugares y eventos, he trabajado en tener una relación estrecha con él e incluso he consolado a otros en circunstancias como estas a través del amor de Dios, pero a pesar de los años y el servicio, fui débil, y se me ocurrió preguntarle a Dios: “¿Por qué permitiste esto si hemos sido fieles a ti toda la vida?”, “¿Acaso no eres justo?”, “¿Por qué a mi familia?” y otras tantas preguntas y oraciones que se pueden ocurrir bajo estas circunstancias.

Entre tantas cosas que he estado aprendiendo recordé/aprendí que puedo ser débil. Dice en 2da Corintios 12.9: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” Durante muchos años me he mostrado fuerte para quienes me necesitaban, esta vez me mostré débil, imperfecto, aprendiendo a afrontar esta situación y recibir gracia y consolación de Dios a través del amor de quienes me rodean. En medio del dolor, Dios levantó mis manos a través de todas las personas que me rodean.

Ha sido una temporada donde nos hemos vaciado por completo, pero Dios, en medio del dolor no ha permitido que quedemos vacíos, nos ha estado llenando diariamente, nos ha enseñado tantas cosas, empezando por mostrarnos su amor. Él se ha mostrado con nosotros desde el instante que ocurrió ese hecho. Familia, amigos y personas de todas edades y diferentes épocas de nuestra vida se acercaron, nos abrazaron, escucharon, consolaron y llenaron de palabra, esa palabra que sembramos por años, esas acciones de servicio que hicimos durante años las hemos recibido de vuelta.

Hoy han tomado otro sentido muchos versículos de la Biblia, por ejemplo, Isaías 61.1-3:

El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.”

Muchas veces había leído estas líneas, pero ahora entiendo algo más, algo que pude ver hasta ahora, ese versículo dice muchas cosas poderosas, pero hoy comprendo también que a los afligidos se les dará gloria en lugar de ceniza. Hoy, mi familia y yo nos sentimos en las cenizas, ¿confiamos en Dios? Claro que sí, pero aun así nos sentimos tristes, y ¿sabes? aprendí una segunda cosa: la tristeza es un sentimiento válido, Dios nos entregó un alma que puede tener emociones, pero eso sí, no podemos dejarnos dominar por ellas. En medio del dolor comprendemos que en un momento de nuestra vida habrá de nuevo gloria en lugar de cenizas.

Recordé que Jesús fue claro cuando dijo “En el mundo tendrán aflicción, pero confíen, yo he vencido al mundo”. Jesús no nos exenta de la aflicción por ser fieles o creyentes, pero nos da algo mejor, una promesa segura: él venció al mundo y su aflicción. En medio del dolor, él nos envió un consolador, quien nos abraza, conforta y restaura. Por eso creo con más fuerzas “el Espíritu de Dios está sobre mí”, porque me está llenando de amor y fuerzas para continuar con el propósito que me asignó: rescatar, restaurar y levantar nuevas generaciones de predicadores, servidores y adoradores en Espíritu y en verdad.

Aprendí una cuarta cosa (si es que estamos enumerando), dice en 2da de Timoteo 2.7 que “Dios no nos dio un Espíritu de cobardía, sino de poder amor y dominio propio”. No podemos ser cobardes, retroceder, soltar las redes (o el arado), dejar de servir y mucho menos darle gusto al enemigo. En medio del dolor, en Cristo somos más que vencedores. Puede que el enemigo de golpes bajos, pero recuerda, no puede dar otro tipo de golpes porque está vencido bajo nuestros pies.

En medio del dolor recuerda: Dios está contigo en medio de toda dificultad. Mira lo que dice Isaías 43.2: “Cuando atravieses las aguas, Yo estaré contigo. Cuando cruces los ríos, no te ahogarás. Cuando tengas que atravesar por fuego, no te quemarás; las llamas no arderán en ti.”

Por muchos años he pasado por circunstancias buenas y malas, temporadas buenas y malas, he estado al borde incluso del suicidio, y en realidad no sé cuál es tu problema o situación, pero recuerda, es solo una mala temporada, un mal día no significa una mala vida. Mira a José, él no permitió que las circunstancias y el tiempo contaminaran su corazón y logró su propósito con ayuda de Dios. Job pudo haber peleado con Dios y darle la espalda por todo lo que vivió, pero permaneció. Gedeón pudo quedarse quejándose de su pobreza y contexto, pero decidió aceptar el llamado y cambiar la historia de su familia, Pedro pudo haberse quedado en la comodidad de un barco, pero decidió seguir a Jesús a pesar de todo y ser pescador de hombres.

En medio del dolor puedes continuar, en medio del dolor puedes servir, en medio del dolor puedes permanecer, en medio del dolor puedes incluso ser débil por una temporada, pero debes levantarte, limpiar tus rodillas y continuar. No le des gusto a la comodidad y mucho menos al enemigo.

En medio del dolor Dios está contigo.

“El Señor está cerca de los que tienen quebrantado el corazón; Él rescata a los de espíritu destrozado.

Salmos 34.18 NTV

En medio del dolor puedo ver el amor del Padre y sé que tú también podrás sentirlo.

Es un gusto saludarte de nuevo, y si estás en medio del dolor, recuerda que también puedes contar con mi esposa y conmigo.

Sam Prz de Amor sin Casacas

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