Derribando altares

Leer la Biblia y la historia de los reyes de Israel es una gran aventura. Te adentras a historias únicas; traiciones, guerras, conquistas, muertes, más traiciones, valentía, percusiones y si, mas traiciones.

Después de la leer la historia de los dos primeros reyes del Pueblo de Dios; Saúl y David la Biblia nos hace un relato general de todos los reyes que le siguieron y a pesar de todo lo que habían pasado y las maravillosas obras que Dios les había mostrado, fueron alejándose cada vez mas de lo que Dios quería de ellos como pueblo. El hijo de David, Salomón fue el primero en dar ese paso que llevo a su pueblo a pecar:

Salomón tuvo setecientas esposas extranjeras, que eran princesas. Entre ellas estaba la hija del rey de Egipto, además de otras mujeres moabitas, amonitas, edomitas, hititas y sidonias. También tuvo trescientas mujeres, con las que vivió sin haberse casado. Dios le había dicho a los israelitas: «No se casen con mujeres extranjeras, porque ellas los harán adorar a sus dioses». Y así sucedió. Cuando Salomón llegó a viejo, sus mujeres lo apartaron de Dios y lo hicieron adorar a otros dioses. Salomón adoró a la diosa de los sidonios llamada Astarté, y construyó un lugar para adorar a dos ídolos repugnantes: Quemós, que era un dios de Moab, y Milcom, que era el dios de los amonitas. Lo construyó en la montaña que está al este de Jerusalén. También edificó lugares para que sus esposas ofrecieran animales a sus dioses y quemaran incienso. Salomón actuó mal delante de Dios y no lo obedeció; en realidad, nunca se comprometió a obedecerlo por completo, como lo había hecho David, su padre.

1 Reyes 11: 1-8 TLA

Vaya, que interesante historia. Salomón el hombre mas sabio que ha existido cometió uno de los errores más frecuentes y con el cual muchos de nosotros hemos caído. El primer error de Salomón no fue estar con muchas mujeres y unirse con extranjeras, sino fue alejarse de la Palabra de Dios. Por eso es que en repetidas ocasiones Dios le dice a Josué que no se aparte de ella (la ley), sino que de día y de noche medite en ella porque solo es a través de la Palabra de Dios que podemos tener un panorama amplio de lo que Él quiere de nosotros. Su Palabra nos ilumina y nos guía. Nos instruye y nos corrige cuando es tiempo.

Otro de los errores de Salomón, de los cuales podemos aprender para no cometerlos fue haber construido altares a dioses extranjeros. Cuando leemos construir este tipo de cosas lo pasamos rápido porque en la actualidad no haríamos eso, pero en realidad la idolatría aun sigue atacando el corazón de los hombres porque no se trata de levantar cultos a dioses sino de poner cualquier cosa o persona en el lugar de Dios. Sin darnos cuenta construimos altares a cosas que se llevan todo el protagonismo de nuestra vida. Tal vez sea al dinero, al éxito humano, a las mujeres u hombres, a la avaricia, etc. Al final de cuentas la idolatría es poner a alguien o algo en el lugar que Dios se merece, el primero.

Con el tiempo hubo reyes que fueron agravando el problema y también reyes que fueron remediando un poco el gran desastre que había en el reino. La nación que había construido David se dividió en dos grandes reinos. El reino de Israel y el reino de Judá. Los enemigos del pueblo de Dios fueron levantándose otra vez y además fueron perdiendo territorio y a caer en manos de otros reinos.  ¿No le parece familiar? No digo que como cristianos entregados a Dios no tengamos problemas, pero pareciera que a medida que nos vamos alejando mas de Dios estamos mas expuestos a ataques del enemigo. Estamos mas expuestos a cometer errores con consecuencias inimaginables.  

El rey Jeroboam al igual que Salomón hizo lo malo ante los ojos de Dios, pero este fue aún más lejos porque edifico altares para que el pueblo hiciera lo malo:

Jeroboam les preguntó a sus consejeros qué podría hacer, y después decidió hacer dos toros de oro. Entonces le dijo al pueblo: «Israelitas, ustedes ya han ido bastante a Jerusalén. Aquí tienen a sus dioses que los sacaron de Egipto». Jeroboam puso uno de los toros en la ciudad de Betel y el otro, en la ciudad de Dan. Y el pueblo pecó contra Dios, pues fue a la ciudad de Dan y adoró al toro.

1 Reyes 12:28-30 TLA

Es aquí donde no hay punto de retorno por un largo tiempo para el pueblo de Dios. Ellos decidieron adorar a otros dioses y alejarse mas y mas de Dios. Él envió a profetas para que guiaran otra vez a su pueblo, pero estos los mataron y dejaron a Dios. Se levantaba otro rey y se repetía la historia, el pueblo se alejaba mas y mas de Dios. Y es que en ocasiones caemos en pecados y no nos damos cuenta. Cometemos errores y pasan desapercibidos y aun mas lejos cometemos pecados una y otra vez y la voz del Espíritu Santo se va haciendo cada vez menos audible y el pecado se vuelve una rutina y es ahí donde nuestros altares se han construido. Como el Pueblo de Dios hemos decidido “adorar” a dioses ajenos y nos vamos alejando cada vez mas de Dios.  

No quiero poner ejemplos de cuáles pueden ser esos altares que hemos construido porque sé que El Espíritu Santo te ha dicho cuáles son. Lo importante ahora es identificarlos y tomar la decisión de botarlos para siempre. Y precisamente muchos años después de estos acontecimientos con estos reyes leemos una historia fascinante donde un joven rey de Judá manda a arreglar el templo de Dios. Josías manda a pedir que les pagarán a los trabajadores y entre eso su mensajero le dice que habían encontrado entre los tesoros del templo la Ley de Dios. Le leen la ley a Josías y él se rasga sus vestiduras en representación del dolor por los errores que habían cometido sus antepasados y llora. El pueblo de Dios había pasado mucho tiempo en oscuridad porque La Palabra de Dios había estado guardada en el templo y se habían olvidado de lo que Dios quería de ellos. Y eso es precisamente lo que pasa cuando dejamos a un lado la palabra de Dios, construimos altares, nos alejamos de Dios y no sabemos qué es lo que Dios nos está pidiendo.

Es interesante porque esta misma historia se repite unos cuantos años después cuando la iglesia no permitía que nadie tuviera acceso a la palabra de Dios. A raíz de esto la iglesia se aleja cada vez mas de lo que Dios quiere y comienzan a realizar actos desagradables y es hasta cuando la Palabra de Dios está disponible para todos y se lee, analiza, profundiza y aplica que los cambios empiezan. Los altares de idolatría se van cayendo a medida que vamos profundizando nuestra vida en la Palabra de Dios y la vamos aplicando.

La historia del Rey Josías no se queda ahí, sino que hace lo que ningún rey en mucho tiempo había hecho:

Luego el rey mandó a llamar a los líderes de Judá y de Jerusalén, para que se reunieran en el templo con él. A la cita acudieron todos los hombres de Judá, los habitantes de Jerusalén, los sacerdotes y los profetas. Toda la nación, desde el más joven hasta el más viejo, fue al templo. Allí, el rey les leyó lo que decía el libro del pacto que habían encontrado. Después se puso de pie, junto a una columna, y se comprometió a obedecer siempre todos los mandamientos de Dios, y a cumplir fielmente el pacto que estaba escrito en el libro. Y el pueblo se comprometió a hacer lo mismo.

2 Reyes 23 1-2 TLA

Y yo ruego al Señor que podamos hacer eso nosotros. Que a raíz de la Palabra de Dios podamos encontrar cuales son nuestros errores y con la Gracia de Jesucristo Su Santo Espíritu poder dejarlos a un lado y para siempre. Como personas individuales seguramente hemos levantado altares de idolatría que nos han alejado de Dios y también como Iglesia lo hemos hecho. Hemos perdido sentido a medida que vamos poniendo a personas o cosas en el lugar de Dios. A medida que vamos adoptando mandamientos de hombres y dejamos a un lado los mandatos de Dios.

Tomemos la actitud de Josías, que cuando supo el problema rápidamente tomo la decisión radical de agradar a Dios y arrepentirse por los pecados de sus antepasados:

Josías destruyó además las imágenes y los pequeños templos de las colinas al este de Jerusalén, y los que había en el sur del Monte de los Olivos. El rey Salomón los había construido para adorar a los repugnantes dioses Quemós, dios de los moabitas, Milcom, dios de los amonitas, y Astarté, diosa de los sidonios. Después rellenó con huesos humanos los lugares donde habían estado esas imágenes. Luego fue a Betel, y derribó y quemó el altar que Jeroboam hijo de Nabat había construido allí, con el cual había hecho pecar a los israelitas. 

2 Reyes 23: 13-15 TLA

También le pido a Dios que nos de el coraje para tomar decisiones radicales para eliminar de nuestra vida a estos altares que hemos levantado y que no cometamos el error de contemplarlos y dejarlos pasar pensando que no tendrán consecuencias. Que El Espíritu Santo nos de la fuerza necesaria para cumplir con lo que Él quiere. Que sea la Luz de Su Palabra que nos guie a toda verdad, que nos lleve por el camino correcto y que hagamos siempre lo que le agrade a Dios. Que destruyamos para siempre los altares que por mucho tiempo se han levantado en nuestra vida y en nuestras iglesias, para que puedan escribir de nosotros esto:

Ni antes ni después hubo otro rey como Josías, que se apartara de su maldad y obedeciera a Dios con todo su corazón y con todas sus fuerzas.

2 Reyes 23:25 TLA.

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