Amigo

“Por lo tanto, yo también, excelentísimo Teófilo, habiendo investigado todo esto con esmero desde su origen, he decidido escribírtelo ordenadamente”

Lucas 1:3 NVI

Lucas dedica su evangelio a “Teófilo”. El nombre Teófilo significa: Theos: Dios. Filos: Amigo. Teofilo: Amigo de Dios.

Este post, está dedicado a todos aquellos cuya hambre y sed de Dios, debe ser saciada constantemente, pues han encontrado en Él las delicias de su amistad, a todos los Amigos de Dios.

Pensemos un momento en el estilo de vida que vivió Jesús cuando anduvo caminando entre nosotros. Caminaba mucho tiempo grandes distancias, estaba sanando enfermos, alimentando a las personas, soportando con amor a sus discípulos, predicando y enseñando El Reino de Dios, no tenía las facilidades de interacción inmediata con las que contamos hoy, en general Jesús vivía una vida ocupada, así como muchos (si no es que todos).

En medio de este mundo que va corriendo Jesús se detiene porque se interesa por una sola persona. El Hijo de Dios se detiene a escuchar, y a prestar atención.

“Jesús se detuvo y dijo: -Llámenlo, Así que llamaron al ciego. -¡Ánimo!- le dijeron-. ¡Levántate! Te llama

Marcos 10:49. NVI

Si Jesús se detuvo. Nosotros también detengámonos tan solo un momento en nuestras ocupadas vidas, y prestemos atención a la voz tierna de Dios, que nos dice: “descansa”. O como lo dijo A.W. Tozer:

“Por encima de ruidos y egoísmos Hijo del hombre, oímos tu voz.”

Nadie puede negar que la excusa más mencionada en nuestro medio para no acudir a ciertas actividades es “no tengo tiempo”, Si Dios es el dueño del tiempo, ¿Tenemos tiempo para Dios? ¿Estamos tan ocupados como para no darle un momento de nuestro día? Invertimos tiempo a las actividades que son de mayor importancia, nuestra relación con Dios definitivamente debe ser de principal importancia, no importa si somos Pastores, o estamos iniciando en el evangelio, dediquemos tiempo de nuestra apresurada vida al dador de la misma.

“Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios…”

Salmo 46:10 NVI

En el cristianismo que vivimos hoy, existe un peligro y es que casi hemos olvidado que Dios es Persona, y que, por tanto, puede cultivarse su amistad como la de cualquier persona. No se trata solo de eventos, escenarios impresionantes, actividades insuperables y emotivas, se trata de conocer a Dios.

La vida eterna no se trata de un simple cambio de conducta, o portarse bien, ni solo desear los dones que Dios puede darnos, o de simplemente “llegar al cielo” la vida eterna se trata de conocer a Jesús.

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado”

Juan 17:3 NVI

Recuerdo mis inicios en el evangelio, tuve ciertos “encuentros” con Dios, pero muy pronto pude darme cuenta que, no se puede conocer a una persona a través de un solo encuentro, solo al cabo de prolongado trato y compañerismo se logra el pleno conocimiento.

Puede comenzar con un encuentro casual, pero con el trato continúo dicho encuentro fugaz se convierte en la más íntima amistad. En donde no hay máscaras, sino un corazón sincero. En donde la gracia es suficiente para toda debilidad.

Hay quienes piensan que nacer de nuevo (Juan 3) es todo en esta vida, pero, el Nuevo Nacimiento o la regeneración, no es el fin del proceso, sino el principio, y quién sabe dónde nos detendremos pues las profundidades de Dios no tienen fin.

“El haber hallado a Dios, y seguir buscándole es una de aquellas paradojas del amor”.

A.W. Tozer

Ser amigo de Dios, se basa únicamente en el Amor, de Dios a nosotros porque él nos amó primero, y nuestro deber es corresponderle, no con bases religiosas, no en dogmas sistemáticos regidos por hombres, sino con el corazón de un niño que simplemente desea un abrazo de su Papá, o como quien va y disfruta de la compañía de un íntimo amigo.

Es tiempo de dejar el superficial conocimiento que tenemos de Dios, y comenzar a seguir en pos de él con toda sencillez.

Mi alma sigue ardorosa en pos de ti; tu diestra me ha sostenido.

Salmos 63:8 V. M.

Acerquémonos con confianza a su presencia, a su trono de gracia.  

“Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos”.

Hebreos 4:16 NVI

Hay una promesa maravillosa para aquellos que atienden al llamado de acercarse:

“Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes. ¡Pecadores, límpiense las manos! ¡Ustedes los inconstantes, purifiquen su corazón!

Santiago 4:8 NVI

En conclusión, cultivemos nuestra amistad con Dios, y conozcámosle cada día durante el resto de nuestras vidas.

Nuestro Padre y Amigo, hoy sin temor, vergüenza ni nada que ocultar, y con corazones sinceros confiadamente nos detenemos a escuchar tu dulce voz, perdónanos, porque no nos hemos interesado en ti lo suficiente y guíanos con tu Espíritu a buscarte constantemente en nuestras vidas. Gracias por anhelarnos celosamente, hoy queremos disfrutar de tu compañía, te amamos. Amén.

Ánimo.

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