“El Dios de nuestros padres” Parte I

Una necesidad de un encuentro.

A principios de este año he empezado a leer la historia del Pueblo de Israel, desde que comenzó con Abraham y su llamamiento; su ejemplo de Fe y la capacidad de confiar en Dios a pesar de las adversidades, pasar también por la historia tan maravillosa de Isaac y su lucha por seguir con la visión que su padre Abraham le había dado hasta llegar con el parte aguas de la historia de este pueblo que es Jacob, aquel hombre que lucho desde el vientre de su madre para ser el primogénito y no lo logro, que años después le compro la primogenitura a su hermano y luchó con el Ángel de Jehová para que éste lo bendijera y que luego paso a llamarse Israel. Todos ellos tienen en común que fueron los que forjaron una nación grande y fuerte y que hasta el día de hoy es una nación muy poderosa. Pero ¿qué quiero contarte con todo esto? Que después de que el pueblo se multiplicara estos fueron pasando por muchos procesos hasta que en la biblia se menciona…”El Dios de nuestros padres, Abraham, Isaac y Jacob”. En el antiguo testamento se lee muchas veces esta frase y no le había tomado importancia hasta que Dios abrió mi entendimiento para darme cuenta que Dios tuvo un trato especial con cada uno de ellos, pero algo aún más impresionante, es el hecho de que Dios tuvo un encuentro único y especial con cada uno y no fue una historia que paso por el tiempo de un Dios que hablo con un antepasado sino una historia de un Dios que se manifestaba con cada uno de ellos.

En las historia de estos tres personajes se lee que cada uno tuvo un encuentro singular con Dios y no estuvieron viviendo de glorias pasadas que sus antepasados habían tenido con Dios.

Mi mama es una de las mujeres que más admiro, respeto y amo con todo mi corazón. Desde que es pequeña ella ha luchado por su vida y para mi es una sobreviviente y un testimonio vivo del amor, misericordia y poder de Dios. Ella conoció a Jesús hasta después de casarse y pasar por muchas pruebas pero desde el momento que Dios trato con ella, su vida ha sido un ejemplo tangible del poder de Dios. (Espero algún día contarles su historia). Yo la veía orar, leer la biblia, pasar tiempo en la presencia de Dios. Yo iba con ella todos los jueves a su grupo y veía como Dios se manifestaba en su vida. En realidad fue un gran ejemplo para mi hasta que pensé: “Yo quiero eso” “Yo quiero experimentar lo que ella experimentó” “Yo quiero que Dios me hable como lo hace con ella” “Yo quiero saber qué es la presencia de Dios”. No quería ver a Dios como el “Dios de mi mama” y desde hace algunos años Dios me enseño esto y he decidido tener un encuentro personal con Él y no esperar que nadie más me cuente lo que Dios es y lo que hace. No quiero saber de nadie más que Dios es un Dios de poder, que hace milagros y pródigos, que sana a la gente, que perdona los pecados y que puede cambiar la vida de las personas con un toque de su amor. Personalmente he decido experimentar el perfecto y profundo amor de Dios antes que alguien más me lo cuente. Quiero ser un protagonista en la historia de Dios y no solo un expectante. He decidido tener un encuentro personal con mi Dios todos los días.

¿Pero por qué te escribo esto entonces? Porque me he dado cuenta que en nuestras iglesias, en nuestros hogares cristianos de toda la vida aún hay gente que no conoce a Dios de una manera personal y única, son personas que van a la iglesia porque toda la familia lo hace, saben de la biblia porque en su casa escuchan hablar de ella, saben qué es orar pero nunca han hablado con Dios fluidamente y constantemente, creo que vivimos en un tiempo donde a nuestros jóvenes y adolescentes les hace falta conocer de una manera personal a Dios. Vivimos un tiempo donde vamos la iglesia porque “siempre es bueno tomar en cuenta a Dios” o porque es lo último del año o porque estamos empezando un año nuevo. Es gente que ha oído hablar de Dios pero no conoce a Dios y de esa gente estamos rodeados en nuestras sociedades. Por ejemplo en mi país, Guatemala somos el 40% de cristianos evangélicos pero si unimos a todas las corrientes cristianas llegamos a ser más del 90%, ¿Se imaginan? Un 90% de cristianos. Lastimosamente eso es en teoría porque en realidad somos una sociedad que aún le falta mucho camino por recorrer pero a ¿Qué voy con este ejemplo? Voy a que mi país está repleto de personas que dicen oír de Jesús pero no lo conocen. No hay una pasión por hacer de Dios su Dios y dejan que alguien más les cuente de su gran poder, de Su amor, de su misericordia y de Su Perdón. Por eso te escribía antes, que llegue a un punto en mi vida, de ver los programas cristianos y de ver a la gente llorando en la adoración que me dije: “Yo necesito tener un encuentro con Dios” “Yo no quiero que nadie más me lo cuente, yo quiero conocer a mi Dios”

Precisamente por eso es que quiero empezar esta serie en nuestro blog llamado “El Dios de nuestros padres” es una serie de tres posts que nos llama a reflexionar y cuestionarnos sobre nuestra relación con Dios pero aún más que eso, esta serie pretende ser una guía que te permita encontrar y dejarte encontrarte por Dios de una manera única y singular.

¿Estás listo para hacer que el Dios de tus padres, de tus pastores, de tus amigos o de tus lideres sea el Dios tuyo, vivo y poderoso que quiere manifestar su poder en ti? ¡Yo sí! Y ansío conocerlo cada día más.

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