Amarnos es también un mandamiento.

  • ¡Me quiere!
  • ¡No me quiere!
  • ¡Me quiere!
  • ¡No me quiere!

Recordé este juego de mi infancia donde cortaba las flores e iba diciendo cada frase en cada pétalo que caía, siempre esperaba que mi último pétalo fuera el ¡Si me quiere! recordando esto comprendí que muchas veces vamos creciendo así, esperando a que otros nos quieran cuando nosotros deberíamos querernos primero.

Creo que todos hemos batallado con esto de amarnos y aceptarnos tal cual somos, es todo un proceso. Y somos expertos en aconsejar a los demás acerca de tener una autoestima correcta de sí mismos, pero ¿Qué hay de nosotros? verdaderamente se están valorando y amando tal cual son o quizás se identifiquen un poco conmigo. Saben Dios ha tenido que enseñarme a no ser tan dura conmigo misma ¡Sigo aprendiendo! No me había dado cuenta de qué tanto me estaba quejando y criticando de maneras como estás:

-¡No soy tan inteligente!

-Dios no me usa como a otros.

-¡No soy bonita!

-No me gusta mi cuerpo!

-¿Por qué no soy tan espiritual como otros?

Y así podría seguir dándoles muchos ejemplos más. ¡Ya sé! Es terrible hasta que me encuentro con pasajes que conozco, pero a los cuales no había dado el valor que requieren y es donde digo ¡Dios perdóname! En Génesis 1:26-27 encontramos “Al ver Dios tal belleza, dijo: «Hagamos ahora al ser humano tal y como somos nosotros. Que domine a los peces del mar y a las aves del cielo, a todos los animales de la tierra, y a todos los reptiles e insectos»27. Fue así como Dios creó al ser humano tal y como es Dios. Lo creó a su semejanza. Creo al hombre y a la mujer.(TLA)

¿Cómo es que somos hechos a semejanza de Dios? Obviamente, Dios no nos creó exactamente como Él, porque Dios no tiene cuerpo físico. En cambio, somos reflejo de la gloria de Dios. Nuestro razonamiento, creatividad, poder de comunicación, talentos etcétera, es la imagen de Dios. Más bien, es todo nuestro ser el que refleja la imagen de Dios. El saber que fuimos creados a semejanza de Dios es realmente maravilloso y por lo tanto poseemos muchas de sus características, nos proporciona una base sólida para nuestra autoestima. Nuestro valor no se basa en posesiones, logros, atractivo físico o reconocimiento público. En cambio se fundamenta en el hecho de haber sido creados a semejanza de Dios. Debido a que somos semejantes a Dios podemos tener sentimientos positivos acerca de nosotros mismos. El criticarnos o degradarnos equivale a criticar lo que Dios ha hecho ¡Ups!

muchas veces vamos creciendo así, esperando a que otros nos quieran cuando nosotros deberíamos querernos primero.

Otro punto sumamente importante es que amarnos a nosotros mismos es un mandato de Dios.

“Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Éste es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo…” ( Marcos 12:29-31)                           

Ahora bien, cuando miramos la última parte de este mandato, Nuestro Señor Jesús termina diciendo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Es decir, según esta interpretación, el mandato del Señor son tres y no dos: Amar a Dios, al prójimo y a nosotros mismos. La razón por la cual nos cuesta amar, aceptar y perdonar a otros, es porque nos cuesta hacerlo con nosotros mismos.

Entonces se nos está diciendo que si yo me amo de la manera correcta así voy a amar a mi prójimo. Que importante es valorar y entender esto. Nosotros no somos cualquier cosa, somos hijos de Dios creados a su imagen, así que es tiempo de que nos valoremos, amemos y aceptemos como Dios nos hizó. Suena difícil lo sé, pero no es imposible hacerlo, decidamos hacerlo; el amor es una decisión. No seamos desagradecidos con lo que somos, porque al serlo, también lo estamos haciendo con Dios. Empecemos a vernos como nuestro Padre nos ve. Somos su creación y tal como te creó lo hizo ¡PERFECTO! Con las cualidades, virtudes, físico e inteligencia que nadie más tiene, porque no hay otro u otra como tú en este mundo eres ¡único! y diferente a los demás. No permitas que nadie te diga lo contrario, no te permitas a ti mismo hacerlo.

El criticarnos o degradarnos equivale a criticar lo que Dios ha hecho ¡Ups!

Recuerda esto: Amarnos a nosotros mismos es estar agradecidos y satisfechos con lo que somos y con lo que Dios ha hecho.Y cuando nos amamos podemos amar a otros como Dios lo manda.

¡Dios te bendice!

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