“Mejor es la obediencia, que los muchos sacrificios”

-Obediencia- esta es una de las palabras que más escuchamos a lo largo de nuestra vida, desde niños nuestros padres nos la dicen una y otra vez. Hasta que llegamos a una edad en la que ya tomamos nuestras propias decisiones y podemos elegir si obedecer o no.Ahora no sólo a ellos, sino también a Dios quién es el más importante en esta historia.

La vida del rey Saúl nos ejemplifica perfecto este concepto. Dios le hablaba a Saúl por medio de su profeta Samuel. Una de las órdenes es que debía destruir a los amalecitas, no debía quedar nada. Saúl no rechazó las instrucciones de Samuel, no del todo, sino que lo hizo a su manera, perdonó la vida al rey y salvó a los mejores corderos, ovejas y ejemplares del ganado. Pensó que “sacrificar esos animales a Dios sería bueno” grave error (I Samuel 15:1-11).

Al día siguiente Samuel fue a confrontar a Saúl, cuando este lo vió venir dijo: “Bendito seas tú de Jehová, yo he cumplido la palabra de Jehová” ( I Samuel 15:13).Esa no era sin duda la impresión de Dios. ¿Saúl creía que había obedecido a Dios? cuando se nos da una palabra y no la obedecemos o pensamos que si lo hicimos ¡Nos estamos engañando a nosotros mismos y a nuestros corazones! Esto es algo verdaderamente serio.

Dios le había dado varias órdenes a Saúl y si leemos toda su vida podríamos pensar: ¡Ah pobrecito! ¡Si casi cumplió con todo! ¡Dios es injusto! Pero a los ojos de Dios la obediencia a medias es lo mismo que la rebelión a su autoridad. Y ustedes ya conocerán el final de la historia de Saúl.

Hace un tiempo Dios me había hablado acerca de un área de mi vida en la cual no estaba siendo obediente al 100 %. Yo siempre me justificaba pensando “Voy a la iglesia, oró, leo mi Biblia, te sirvo” así que no creo que esto sea relevante. Para no alargarles la historia me fue muy mal, solo por no escuchar a tiempo lo que Dios ya me había dicho. Porque podemos pensar que con el hecho de tener una rutina cristiana aunque no obedezcamos en otras áreas es más que suficiente, pero no, no lo es. Aprendí a no desechar la Palabra de Dios y a confiar en que sus planes para mí son más que perfectos

Les escribo acerca de esto porque puedo darles testimonio que la obediencia trae tanta bendición a nuestras vidas (Deuteronomio 28:1-14) En este momento de mi vida estoy cosechando todo lo sembrado a través de estos años. A veces cuesta obedecer ¡Sí! porque son cosas o situaciones que nos agradan y nos hacen sentir bien, pero definitivamente no es lo que Dios quiere.

En Santiago 1:22-24 leemos “¡Obedezcan el mensaje de Dios! Si lo escuchan, pero no lo obedecen, se engañan a ustedes mismos y les pasará lo mismo que a quien se mira en un espejo: tan pronto como se va, se olvida de cómo era” la Palabra de Dios es nuestra guía si queremos vivir como a Dios le agrada debemos obedecer lo que en ella nos habla. Este pasaje explica porque muchos pueden leer la Palabra y escucharla, pero vivir como aquellos que no la conocen.

Recuerda que creer es obedecer y obedecer es creer ¿En qué crees? O mejor dicho ¿En quién crees? tus respuestas definirán tu vida. Medita en estas líneas y si hay alguna situación en la cual no estás siendo completamente honesto con Dios es tiempo de serlo. Oró para que el Espíritu Santo te ayude y guié a toda verdad ¡Tú puedes!

Detrás de tu obediencia, hay cosas que ni te imaginas esperándote.

¡Dios te bendice!

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