Padre.

Cuando tenía unos seis o siete años de edad pasó algo que marco mi vida y que hoy recuerdo como si hubiese sido ayer. Mi mama me había dicho que iríamos con mi papa. Nunca lo había visto, nunca lo había escuchado hablar; únicamente con historias que contaba mi mama de vez en cuando porque tratábamos de no hablar de él en particular. Mis tres hermanos mayores tomaron la noticia como burla porque comenzaron a emocionarme y recordarme que por fin conocería a mi papa, a nuestro papa. Yo sabía que nunca lo había visto, sabía que nunca lo había escuchado, solo en mi mente con las historias que contaba mama pero también sabía que había decidido quitarse la vida cuando tenía un año y tres meses pero aun así en mi corazón estaba esa esperanza que tal vez no, que tal vez estaba vivo en alguna parte y que esa tarde de domingo iríamos a verlo. Con mi familia fuimos a la iglesia y después de eso tomamos camino para el lugar. El cementerio. Yo sabía que había muerto pero aun así tenía la esperanza que en algún lugar todavía estaba vivo y que por arte de magia lo vería y por fin lo conocería. No fue así y en mi corazón simplemente hubo desilusión. Cuando ya nos íbamos del lugar mi mama dijo que habláramos con él (si, suena raro que hayamos hablado con un muerto pero mi mama con la finalidad de no olvidarnos de él lo hizo, así que espero que no me juzgues, ni a mi familia, éramos niños). Esa tarde es el primer recuerdo que tengo de tener conciencia plena de que ya no tenía un Padre.

Con el pasar de los años siempre miraba  a mis amigos de la escuela hablar de sus papas, hablar de los trabajos que tenían. Miraba muchas veces como los iban a dejar, como les enseñaban a manejar automóvil y como llegaban a defenderlos cuando estaban indefensos o en algún problema. Pero yo muy pocas veces le tomaba importancia a eso. Creo que mi mente había inhibido (bloqueado, borrado) el hecho de no tener papa y muy pocas veces miraba con recelo el querer tener uno.

Una tarde en mi casa, cuando tenía unos once o trece años de edad, estábamos almorzando y siendo cuatro jóvenes adolescentes en la mesa molestábamos, reíamos, nos peleábamos, gritábamos y en muchas pero muchas ocasiones nos insultábamos. En una de esas tantas peleas de almuerzo mi hermano mayor salió con un comentario que cambio mi vida para siempre y el bloqueo de no querer tener papa se esfumo. Mi hermano me dijo entre griterío y griterío:

-¡Si, como a vos el condón de mi papa se rompió por eso estas acá! ¡Sos un accidente!-

La mesa quedo en un silencio eterno y mi mama reacciono rápido y comenzó a regañar a mi hermano y a recriminarle porque había hecho ese comentario. Yo no sabía si era cierto y me quede viendo a mi mama. Ello acento la cabeza y dijo que era cierto y lo había contado con la premisa de enseñarles a mis dos hermanos mayores a no tener relaciones sexuales, aun con condón porque estos suelen fallar, y yo el ejemplo. Cuando mi mama dijo eso salí corriendo y me fui llorando a las gradas de mi casa y amargamente caían las lágrimas. Unos cinco a diez minutos recriminándole a Dios porque había pasado eso, haciéndole preguntas. “Yo no pedí nacer” “Yo no quiero estar aquí, les haría un favor a mi familia si no estuviera aquí” “Tal vez mi papa se quitó la vida por mi…” Entre tanto lloro y lloro recordé algo que había escuchado en la iglesia: “Dichosos los que lloran porque ellos serán consolados…” se lo dije a Dios pidiéndole que me consolara. Ya no quería llorar, ya quería parar pero no podía entonces se lo dije y recuerdo que de un momento a otro dejo de salir lágrimas y ya no tenía dolor en mi corazón. Comencé a reír un poco de la situación y fue así como pude experimentar a Dios por primera vez de una manera tan real para mí.

La vida es muy dura y más cuando no tienes un papa que te enseñe a vivir, a cómo defenderte, a cuidarte y enseñarte aspectos básicos. Que vaya a jugar futbol contigo los sábados y que te vaya a ver a las ceremonias o cuando en la escuela piden que lleves a tus papas, pero aún mas difícil es cuando lo tienes pero él decide no ser un papa para ti y el trabajo, sus amigos o los vicios lo alejan más y más de estar contigo. Lo es cuando decide irse como lo hizo conmigo o cuando se va sin una excusa y nunca más te vuelve a buscar. También es dura cuando esa persona se convierte en tu verdugo, cuando te lastima todos los días, cuando se vuelve tu peor pesadilla y llega a abusar de ti, tanto sexualmente como emocionalmente. El hecho de no tener una figura paterna correcta en la vida hace que el camino se vuelva un poco más difícil.

Cuando Dios decidió crear al mundo entero y al universo ideo todo para un personaje en específico. El ser humano. Lo hizo a su imagen y semejanza. Le dio potestad de lo que Él había hecho pero aun así, el hombre lo traiciono y decidió darle la espalda. El corazón de Dios fue destrozado.

Con el afán de recuperar al ser humano hizo un plan que conlleva a un Padre y a un hijo. Dios mismo decidió dar a lo más preciado con un objetivo en específico; recuperar aquello que se había perdido. Hay algo que me sorprende mucho y es el hecho de ir por nuestro rescate en lugar de ir por el rescate de otra creación que también le había traicionado. Si, hablo de los ángeles. Cuando Lucifer fue echado del cielo no se fue solo sino que con él un tercio de la totalidad de los ángeles pero Dios no creo un plan para rescatarlos a ellos sino fue para nosotros:

Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio; 2 Pedro 2:4

El proceso de salvarnos fue más allá del plan inicial porque pasamos de ser su creación a ser sus HIJOS. Él nos adoptó cuando estábamos huérfanos, moribundos, perdidos y sin esperanza. El plan no solo era rescatarnos sino transformarnos en una nueva creación y hacernos parte de su familia. Él decidió hacernos un espacio en su mesa.  ¡Que extraordinario! ¡Que maravilloso!

“Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso” 2 Corintios 6:18

Por eso cuando Jesús enseño a sus discípulos a orar empezó cambiándoles el concepto de Dios como una deidad y alguien que está muy lejos a hacerles notar que son hijos. Jesús presento a Dios como Padre. Cuando entendamos esto, nuestra vida va a cambiar y nuestra relación con Dios ya no será la misma. Pasaremos de ver a Dios como un Señor muy lejano y a veces enojado enmarcado a una religión a verlo como un Padre amoroso y Perfecto que nunca nos va a fallar. El experimentar a Dios como un Padre es la puerta para entablar una verdadera relación con Dios.

El plan no solo era rescatarnos sino transformarnos en una nueva creación y hacernos parte de su familia. Él decidió hacernos un espacio en su mesa.

Ya cuando estaba más grande de edad y pasaba por un momento difícil en mi vida personal. Queriendo salir de algunas adicciones. Desesperado y triste, desconsolado por el hecho de fallarle y fallarle a Dios. Ore a Dios con un corazón muy sincero y le hice una de las peticiones más importantes de mi vida. Le dije que ya lo había experimentado como mi Dios, le dije que ya lo había experimentado como mi Señor y Salvador, que también lo había conocido como mi sanador y mi proveedor. Le dije entre lágrimas que lo quería conocer como mi papa. Mi corazón se desenvolvió y la coraza quedo expuesta al hecho de no haber experimentado nunca a un papa. Le dije a Dios que quería que me abrazara como mi papa, que me amara como mi papa, que me ayudara como mi papa, que me tuviera paciencia como un papa, le dije que necesitaba a un papa. Un papa que nunca me dejará, que cuando le fallara me abrazara en vez de gritarme. Recuerdo que esa noche mi corazón necesito a un Padre como nunca lo había hecho y desde ese día Dios lo ha sido para mí. No puedo expresarte como quisiera cuál ha sido ese proceso pero te puedo garantizar que Dios se me ha revelado como mi Papa. Su Espíritu Santo me ha dado la certeza que soy su hijo amado y que Él es mi Padre y que nunca me dejara.

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Romanos 8: 16, 17.

Esa oración la hice cuando tenía 20 años de edad. Pero hoy puedo decirte que aun antes de yo habérsela dicho a Dios, Él ya era un Padre para mí y siempre lo seguirá siendo. Antes de ser cualquier otra cosa, Dios es mi Papa. Y mi deseo es que si tú te sientes como yo en ese momento; desprotegido, decepcionado, solo y con mucha falta de amor puedas tener la certeza de que Dios quiere ser tu papa. El mejor Papa. Él promete ser un Padre perfecto. ¡Que promesa!

¿Qué esperar para que experimentes a Dios como tu Papi?

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;  los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. San Juan 1:12,13.

El experimentar a Dios como un Padre es la puerta para entablar una verdadera relación con Dios.

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