No mereces migajas

Hace tiempo atrás hubo un joven, se sentía infeliz, sin valor, miserable y solo. Y tenía muchos argumentos bastante válidos para sentirse así. Te pondré en contexto: Había perdido todo, según la tradición su papá el Príncipe Jonathan heredaría el trono de su abuelo el Rey Saul, iba a ser Rey, sin embargo su papá decidió renunciar al trono para entregárselo a su mejor amigo, David. ¿Cómo así? Pues, David había sido elegido para ser rey, no por el pueblo, no por herencia, sino por Dios mismo.
Desde muy joven David fue elegido y bendecido por Dios para obtener este cargo. Jonathan se enteró de esto, su mejor amigo había sido escogido ahora para reinar y él con gusto cedía lo que le correspondía al elegido de Dios.
Años después en una batalla mueren el Rey y su hijo (Jonathan). Cuando se enteran de esto, todos en el palacio del rey deciden huir y cuidar a un pequeño heredero, su nombre era Mefi-boset, hijo de Jonathan. Una mujer que cuidaba al niño lo tomó en sus brazos y corrió apresuradamente, pero en un descuido cayó con el niño en brazos y lo lastimó, fue tan duro el impacto que los pies del niño quedaron lisiados de por vida, o sea, ya no pudo caminar nunca más.
Mefi-boset vivió un tiempo escondido, creyendo que querían matarlo por ser descendiente del antiguo rey. Para moverse tenía que arrastrarse, sin herencia y sin identidad, podemos intentar imaginar cómo se sentía.
Un día el actual rey, David, pregunta si hay un descendiente de Jonathan (su mejor amigo) a lo que alguien le da la noticia de que sí, ¡hay un hijo aún vivo! de inmediato David lo manda a llamar y esto es lo que sucede:
“Y vino Mefi-boset, hijo de Jonatán hijo de Saúl, a David, y se postró sobre su rostro e hizo reverencia. Y dijo David: Mefi-boset. Y él respondió: He aquí tu siervo. Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa. Y él inclinándose, dijo: ¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo? Entonces el rey llamó a Siba siervo de Saúl, y le dijo: Todo lo que fue de Saúl y de toda su casa, yo lo he dado al hijo de tu señor.” 2da de Samuel 9.6-9.
Es sorprendente como Mefi-boset se llama y considera a sí mismo como un perro muerto. Las circunstancias y el tiempo, las heridas y la soledad lo habían llevado a sentirse de esa manera. Y pasa lo siguiente: muchas veces en nuestra vida somos heridos, rechazados, menospreciados incluso por nosotros mismos a tal punto que invalidamos nuestra autoestima. Nos vemos y sentimos feos, inferiores, indignos de amor, sin propósito, muertos y vacíos, porque dimos lo mejor y no fuimos correspondidos como esperábamos. Y me incluyo porque un tiempo me sentí así.
Pero un día, llegó el rey a mi vida, me reconoció, me recibió, me dio una herencia, me entregó un propósito y me hizo un lugar en su mesa. Tal como lo hizo David con Mefiboset.
Luego de contarte esto quiero decirte: Hey! Reacciona, no eres un perro muerto, no mereces sobras, no mereces migajas. No te conformes con una cueva o un pozo, sal de ahí. La soledad no es tu amiga, no mereces tristeza ni vacío. El rey quiere darte un lugar en su mesa, quiere verte feliz, viviendo en plenitud, eres elegido(a) por Dios, quiere santificarte, darte un propósito. Fuiste creado(a) perfecto(a) para bendecir a otra persona.
No mereces migajas, amor a medias, desvelos de tristeza o incertidumbre, no mereces malos tratos ni ofensas de nadie, no confundas dependencia con amor.
El rey, Jehová también tiene un hijo, un príncipe que quiso ceder y compartir una corona contigo. Toma tu lugar, renuncia a esas heridas, pensamientos o incluso renuncia a esa persona que no te hace crecer, suelta. Déjala ir.
Déjate envolver en el amor de Jesús y toma tu corona. Luego vendrá la mejor parte. Te lo escribe alguien que ahora disfruta de los beneficios del reino y cree que mereces lo mismo.
Piénsalo, y toma una acción.
Gracias por leernos hasta aquí. Jireh y yo (Sam) estamos para servirte.
¡Dios te sorprenda!

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