¿Quién enamora a quién?

Resulta que un miércoles de altar en nuestra congregación tenía la oportunidad de hablar con la chica más hermosa de mi iglesia, bueno, que digo de la iglesia, ¡del mundo mundial!, ella es alguien de la cual te enamoras al momento de verla alabar y adorar al Padre, es una adoradora definitivamente, está en su ADN. Pero bueno, ese no es el punto de lo que quiero platicarte, solo quería hacer este pequeño paréntesis para que veas que una de las cosas esenciales de las que debes enfocarte de la persona que te gusta es ésta.  Hablando con ella en ese tiempo comentaba cómo fue su experiencia ese día en la adoración al Padre, y llegábamos a definir juntos el título de este tema, porque adorar al Padre es una de las formas esenciales en que demostramos nuestro amor hacia Él, ¿pero será todo?

Hay momentos en los cuales llegamos a un tope y el adorarlo a Él con todo nuestro ser se nos dificulta o se nos ve limitado, no porque en nosotros no esté el hacerlo, sino que cada día trae su propio afán y las circunstancias contrarias generan barreras, que no permiten que lleguemos a lo más profundo de la intimidad con Él.

Aquí es donde entra esta pregunta en acción, ¿Quién enamora a quién? Dice el diccionario que enamorar, es despertar un sentimiento de atracción en una persona, entonces ¿quién es el que atrae a quién?

Porque adorar al Padre es una de las formas esenciales en que demostramos nuestro amor hacia Él.

Si nos damos cuenta la intención de nosotros en un tiempo nunca fue de buscar de Dios y mucho menos querer amarle, pero Él nos atrajo con sus brazos de amor y lo sigue haciendo a cada momento a pesar de que ya le conocemos porque esa es una cualidad de nuestro Padre, que con amor eterno nos ha amado dice su palabra (Jeremías. 31:3), y el vínculo de parte de Dios hacia nosotros es más fuerte que el vínculo nuestro hacia cualquier persona, sabes ¿Por qué? Porque Él sabe qué le vamos a fallar y aun así nos sigue amando y nos sigue atrayendo, aunque nosotros ya no queramos nada con Él, porque como humanos así somos, media vez fallamos nos sentimos condenados, pensamos que no somos dignos, que no lo merecemos, y un sin fin de cosas más, antes de nuestros dones, talentos y virtudes ya poseemos el sello de hijos, no importa lo que hagamos o dejemos de hacer, el amor de un padre hacia un hijo no se basa en las acciones que éste realice para agradarlo sino en el vínculo que se da entre el creador y su creación! Somos únicamente suyos. Al comprender esto, rendimos nuestra gratitud con servicio hacia El.

Él no te ama porque andes haciendo un sinfín de obras sociales, orando y sanando enfermos, sacando demonios y ministrando gente, ese no es un amor sin fingimiento, hacer las cosas con nuestras propias fuerzas no es la forma correcta de enamorar alguien, y mucho menos a Dios, porque como te digo, ¡Él fue que nos amó primero! (1 Juan. 4:19), Él fue que nos atrajo a su trono de Gracia, enviando a Jesús a morir por todos nosotros (1 Juan. 4:10), pero esto ya tú lo sabes y esta demás que te lo mencione.

Porque Él sabe qué le vamos a fallar y aun así nos sigue amando y nos sigue atrayendo, aunque nosotros ya no queramos nada con Él.

¿Quién enamora a quién? Humanamente nuestro amor se ve limitado, a pesar de que el primer mandamiento es “Amar a Dios con todo lo que somos” (Deuteronomio 6:5), y si lo vemos así, lo que diré a continuación te va ¡hacer volar la cabeza!, así que presta mucha atención, el verdadero enamoramiento no radica en una emoción, en algo almatico, radica o tiene su raíz en el espíritu, “porque tales adoradores busco, adoradores en Espíritu y Verdad” (Juan 4:23) ¡Boom!

Ya deja de razonar o buscar la lógica a esto, solo déjate amar, déjate conquistar por El, anhélalo con todo tu corazón en la intimidad y El hará el resto, deja ya de darle vuelta al asunto, el asistir a la iglesia una vez o dos a la semana no demuestra que tú estás enamorado de Él, eso lo hacen los religiosos, y tú nos has sido llamado a ser un religioso, sino a vivir una relación íntima con Él, que te espera en ese lugar de tu seguridad, para enamorarte una y otra vez, una y otra vez, solo déjate llevar en sus profundidades de amor, recuerda, es una cuestión del espíritu y no del alma. No estoy diciendo que las emociones o sentimientos son malas, sino que hay un vínculo más profundo cuando se trata del espíritu.

Este es uno de los muchos beneficios que trae estar tiempo en la intimidad con el Padre y lo encontramos en:

Salmos 92:12-14: Los justos florecerán como las palmares; crecerán como los cedros del Líbano. Serán plantados en la casa del Señor, y florecerán en los atrios de nuestro Dios. Aun en su vejez darán frutos y se mantendrán sanos y vigorosos.

Así que, te toca hacer tu parte, porque Dios ya ha hecho la suya, de ti depende, no de nadie más, no es por obligación y esto no te compromete a nada, al contrario se basa en tu actitud, solo déjate conquistar, déjate enamorar, déjate amar, déjate cuidar, déjate sanar y restaurar, ya que por Él y para Él son todas las cosas.

Dios te bendice, sabes que cualquier duda o comentario será bien recibido, ya que nos interesa saber que piensas o que dudas tienes y con gusto las responderemos, comparte este devocional con alguien, porque seguramente esta semilla dará su fruto al 30, al 60 y al 100 por uno.

El verdadero enamoramiento no radica en una emoción, en algo almatico, radica o tiene su raíz en el espíritu, “porque tales adoradores busco, adoradores en Espíritu y Verdad” (Juan 4:23) ¡Boom!

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