Dios no ha terminado contigo.

Me despierto por la mañana y un sentimiento que muy pocas veces había sentido llega a mi vida. No entiendo bien que está pasando, no entiendo bien por qué mi corazón tiene un gran pesar, por qué mi alma está cansada y agotada. Es como si fuera una “resaca” y la culpa llegara a lo más profundo de mí ser y el peso tan grande ya no lo aguanto y me quedo sin fuerzas.

Una resaca es cuando tu cuerpo resiente todo lo que hizo anoche, es cuando tu cuerpo no se siente bien porque se le introdujo alcohol, químicos y muchas cosas más que le hacen daño y que un día después éste te dice que no estuvo bien, que no fue creado para que le metas todo eso. Algo así pasa cuando tienes una “resaca espiritual” provocado por el pecado de anoche, provocado por los errores que has cometido, provocado por las decisiones que van en contra de tu espíritu. Tu interior te dice: “oye, yo no fui creado para que el pecado more en mí” y por eso tu espíritu lo resiente y un día después, un momento después solo sientes culpabilidad, resentimiento, dolor, tristeza y penuria. El rey David lo dijo de esta manera:

“Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron consumiendo por mi gemir de todo el día. Mi fuerza se fue debilitando como al calor del verano, porque día y noche tu mano pesaba sobre mí.     Selah.  Salmos 32:3-4.  NVI

Te has preguntado por qué a algunas personas se les hace más fácil pecar que a otras. Yo he conocido a persona que hablan de cometer pecados como que fuera uno de los méritos más grandes de su vida. No los juzgo, no quiero que pienses eso, pero yo me quedo muy sorprendido de la facilidad que tienen para cometer pecados y estar “como si nada”, como si no existiera esa conciencia que a nosotros nos acusa, nos dice que lo que hicimos estuvo mal, que no debimos haber dicho algo, haber hecho algo, ver aquello o no hacer lo que deberíamos haber hecho. ¿Qué pasa? ¿Por qué a algunas personas se les hace más fácil que a otras? ¿Por qué un sentimiento tan horrible invade nuestro interior y llega cuando hemos cometido pecado?

Te lo dije antes, ahora somos hijos de Dios pero siendo más detallista con esto, significa que nuestro interior es diferente a la de los demás. Nuestra vida, nuestro cuerpo, nuestro ser ya no está hecho, nunca lo ha sido y no fue diseñado para que exista pecado en nuestra vida. Es por eso que cuando cometemos alguna falta, es por eso que cuando pecamos tenemos esa “resaca espiritual”.

Volviendo a lo que David decía, su penuria llego a tal punto que sus huesos se estaban consumiendo. Físicamente ya no se sentía bien y por eso dice que sus fuerzas se fueron agotando. Me puedo imaginar a David sin ganas de levantarse de su cama, sin ganas de comer, sin ganas de hablar con las personas. Simplemente se encontraba él y su pecado que le recordaba el error más grande de su vida. Me puedo imaginar a David sentado con una taza de café pensando que había hecho, analizando paso a paso los errores. La culpabilidad no lo dejaba tranquilizarse, no lo dejaba estar en paz. El rey David se sintió como muchas veces nos hemos sentido nosotros después de haber cometido pecado.

No todo es malo, la “resaca” que nos invade no es tan mala como nos hace sentir. Es decir, que bueno que en nuestra vida todavía exista aquello que nos dice que hemos cometido errores porque es un signo de que Dios aún no ha terminado con nosotros. Es una señal que nos indica que Dios no se ha cansado, que aún no se rinde, que aún está cumpliendo el propósito en nuestra vida.

“Y cuando él (Espíritu Santo) venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.” San Juan 16:8 RVR1960

Te das cuenta que eso que nosotros sentimos, la negatividad, el cansancio, la culpabilidad, la frustración es porque el Espíritu Santo nos está convenciendo de que hemos pecado. ¡Qué bueno que te has sentido así! Porque quiere decir que Dios te está diciendo que tu vida no fue hecha para cometer pecado, para andar pecando, para vivir en pecado. El Espíritu Santo es nuestro compañero, nuestro amigo que siempre está ahí. En TODO tiempo Él está ahí y es por eso que sientes que le has fallado a alguien tan cercano que has sido desleal, que has traicionado a tu mejor amigo. Pero Dios una vez más nos anima a volver al lugar, al estado que hemos sido diseñados. Dios a través de su Santo Espíritu nos dice que lo que cometimos estuvo mal pero nos recuerda que Él puede perdonarnos. Nos recuerda que no todo está acabado, que no todo se ha ido a la basura sino que podemos empezar de nuevo, que podemos borrar esa página de nuestra vida y tener una nueva oportunidad. Una vez más David dijo:

Pero te confesé mi pecado, y no te oculté mi maldad. Me dije: «Voy a confesar mis transgresiones al Señor»,  y tú perdonaste mi maldad y mi pecado. Selah Salmos 32:5 NVI

¡No calles! ¡No te lo guardes! El pecado es oscuro cuando la luz no lo invade porque cuando la luz de Jesús llega al pecado entonces ya no es tan oscuro como pensabas, ya no es ese monstruo tenebroso sino se convierte en una pequeñez frente a la GRACIA DE DIOS. Es por eso que David le confeso el pecado a Dios, fue con un corazón arrepentido a pedirle perdón a Dios, a presentarse sin caretas, sin pretender nada, solo fue a presentarse ante Dios y pedir perdón y Dios lo hizo.

Cuando Jesús enseño a orar a sus discípulos Él les dio un esquema de cómo sería lo ideal y es curioso ver que el perdón de Dios va después de haberlo reconocido como Padre, de haberlo alabado, de haberle pedido que su reino viniera y después de la comida. Es como si nuestro Padre prepara la cena, pusiera la mesa, nos invitara a sentarnos y luego de comer, cuando terminemos nos digiera: “Bueno, hablemos ahora de qué es lo que pasa hijo, ¿qué son esos errores que me quieres decir?”

Hoy me levante sintiendo esa resaca en mi interior, me levante con un gran pesar pero le confesé mi pecado a Dios y Él me perdono. Estoy triste pero a la vez con una paz en mi interior de saber que Dios aún no ha terminado conmigo, que no se ha rendido en mi vida aunque yo una y otra vez le falle, le dé la espalda, lo niegue con mi actuar. Él permanece fiel y con su constante amor. Estoy triste porque le falle a mi mejor amigo pero a la vez estoy agradecido  porque una vez más puedo experimentar su fidelidad, su misericordia, su amor y su perdón incomprensible.

“Y estoy seguro de que Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes, la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva” Filipenses 1:6 NTV

Dios no ha terminado contigo.

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