¡Qué difícil es ser cristiano..! ¡Qué difícil es predicar con las acciones..!

Para mí es un poco complicado hablar de este tema y hasta cierto punto creo que soy muy exagerado pero en mi corazón está el querer compartir estas letras contigo. Hablar de este tema en estos tiempos y en los países en los que vivimos puede ser un tanto ofensivo para aquellos que sufren persecución en otras partes del mundo y para aquellos que dieron su vida por el evangelio. No quiero comparar, ni es mi intención hacerlo pero creo que aun en nuestros países que se jactan de libertad de culto, nosotros sufrimos, somos perseguidos y somos menospreciados. A lo largo de estos dos mil años en el que el reino de Dios está presente en este mundo, generaciones de creyentes han tenido una lucha diferente y hoy quiero hablarte, desde mi punto de vista, de la lucha en la que vivimos los creyentes de Cristo Jesús en esta generación.

Imítenme a mí, como yo imito a Cristo. 1 Corintios 11:1.

Vivimos en un tiempo muy difícil. Las tentaciones están a la orden del día como nunca lo estuvo antes. Lo malo para otros tiempos se ha convertido en bueno y de comportamiento normal, se ha convertido en algo que si no lo apruebas te vuelves intolerante y una persona con odio en su corazón y te tachan de fanático religioso. Vivimos en el tiempo donde todo lo tenemos al instante. En unos segundos toda la información está en la palma de tu mano. Yo comparo a este tiempo, el tiempo de la informática y globalización, con el de la imprenta que tuvo su inicio hace 500 años, pero esto tiene su lado negativo; puedes encontrar toda clase de maldad en la red y puedes caer muy fácil en el pecado. La vida social se ha distorsionado y el ser “cool” o elegante conlleva a hacer muchas cosas malas. El mundo se ha convertido en un lugar donde importa más la apariencia que das al exterior que lo hay en tu corazón. Cuando hablaba de los últimos tiempos Jesús dijo:

“…Habrá tanta maldad que el amor de muchos se enfriará” San Mateo 24:12 NVI

Y para mi este es el gran problema que enfrenta mi generación. El amor de muchos se está enfriando. La maldad ha aumentado de forma exponencial que conlleva grandes consecuencias para nosotros. Las escuelas, los institutos, los colegios, las universidades y los lugares de trabajo están llenas de maldad. Hace poco hablaba con amigo mío y le decía que a pesar de que haya tanta maldad la historia ha enseñado que no importa si el lugar es Sodoma o Gomorra, siempre habrá un grupo que no sigue la corriente, que no sigue a las demás personas. Hay gente que dice que no a la tentación, hay gente que aún le importa honrar a Dios en todo tiempo. Y estoy seguro que aun en este tiempo tan difícil hay gente que se está cuidando, hay santos y santas porque esta palabra tan “difícil” de alcanzar tan solo significa ser apartados para Dios.

Ahora bien, ¿Qué pasa cuando no has podido ser esa diferencia? ¿Qué pasa cuando no has podido predicar con tus acciones? A mí me encanta la frase que dijo San Francisco de Asís: “Predica todo lo que puedas y si te es necesario habla” pero debo ser honesto contigo, debo decirte la verdad y es que no he cumplido con esta misión. ¡No saben lo difícil que es para mí poder predicar con mis acciones! Y no es que sea muy exigente conmigo mismo o que peque y peque sino que a lo largo de estos años en los que he estado en este mundo he dejado que tanta maldad que me rodea enfrié mi corazón y me ha nublado la responsabilidad de poder predicar con mis acciones. Tal vez tú te sientas como yo. Muchas veces he querido predicar con mi ejemplo, con mis palabras y acciones y aunque intento e intento no lo he logrado como debería. Pero a pesar de esto entiendo mi irresponsabilidad y aún más, Dios me ha dado la respuesta para poder lograr esta misión tan necesaria en nuestros tiempos.

Nuestro deber como buenos cristianos es ser la luz y la sal de la tierra. La luz porque el mundo está en total oscuridad y Dios ha puesto Su luz en nosotros para guiar a los demás y la sal porque esta persevera los alimentos, así como nosotros perseveramos al mundo para que no se descomponga. Nuestro deber es dar un buen ejemplo a nuestros amigos y todos aquellos que nos ven donde quiera que estemos. Jesús dijo también:

“… pero el que se mantenga firme hasta el fin será salvo” San Mateo 24:13 NVI

El mantenerse hasta el final es lo más importante. No quiero desmeritar el esfuerzo de todos los días porque al final cada quien tendrá su recompensa, simplemente quiero decir que en este tiempo no importa tanto lo que demuestres o lo que puedas aparentar y con esto me refiero a las buenas acciones que hacen algunos para que los vean sino mantenerte hasta el final.

Cuando era niño e iba a la clase dominical de la iglesia recuerdo tener a unos maestros, era una pareja y aunque solo fui un par de veces nunca se me olvido el rostro de ellos. Años después los encontré en un negocio pero ya no estaban en la iglesia. Se podía ver a kilómetros de distancia el abismo que había entre Dios y ellos. ¿Qué paso? ¿Qué sucedió? No lo sé, pero sí sé que es fácil comenzar, es fácil hacer las cosas que le agradan a Dios cuando tus sentimientos y emociones están naciendo pero es muy diferente cuando ya tienes unos cuantos años en la vida cristiana. Lo que más vale es mantenerse hasta el final pero sobre todo es no dejar que el amor se te enfrié.

¡Qué difícil ser cristiano cuando se te apaga el amor! ¡Qué difícil predicar con tus acciones cuando no puedes dar lo que no tienes! De la abundancia del corazón habla la boca dijo Jesús y si en tu corazón no está el amor de Dios ¿Qué puedes dar? Si estás sembrando para tu carne y tus deseos obviamente vas a cosechar únicamente comportamientos carnales, pero si siembras en tu corazón las cosas del espíritu entonces tu vida dará fruto, el fruto que desea Dios y no te será difícil porque no estas fingiendo, no estás en un acto o con una careta.

No importa si estas en Sodoma, no importa si te encuentras en Gomorra. No importa si la maldad en donde vives ha ido aumentado, no importa si te persiguen por lo que dices y eres. No importa tanto cuando tu vida está rendida a la voluntad de Dios y entregas todo. Jesús dijo que el reino  se compara con aquel mercader que viendo una perla de gran precio, se fue, vendió todo lo que tenía y compro esa perla. Así debemos ser nosotros, despojarnos de todo aquello que está enfrenado nuestro amor por Dios. Dejar todo eso e ir por la perla de gran precio.

Pablo dijo: Imítenme a mí, como yo imito a Cristo. 1 Corintios 11:1.

La gente nos está viendo, la gente está pendiente de lo que hacemos y decimos por eso debemos tomar con suma responsabilidad que lo que estemos demostrando que no sea una máscara ni un acto sino una devoción verdadera y asi poder decirles con nuestras acciones a la gente que nos rodea:

Imítenme a mí, como yo imito a Cristo.

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