¿Quieres ser reconocido por los demás o ser aprobado por Dios?

Hay una tendencia muy común de los seres humanos a querer recibir reconocimiento de los demás y ser aceptado por ellos.

Esto está mal, porque eso lleva continuamente a alimentar el ego y depender de la aprobación y opinión de los demás. No podemos depender de eso porque lo único que va a generar es un vacío dentro de nosotros que no se puede llenar y lo que creemos que va a llenarlo son aplausos. Lamento decirte que esto no es así, del único que necesitas aprobación es de Dios. Él es el único que puede darte esa aprobación que llena.

Todos deberíamos preguntarnos:

¿Para qué queremos aprobación? ¿Para tener reconocimiento o aplausos? ¿Para no ser invisible? ¿Para llamar la atención? Deberíamos tener la motivación correcta y vivir enfocados en Dios.

Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís. Colosenses 3:23-24

Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. San Mateo 6:5-7

Como dice Mateo 6, hay cristianos que les gusta ser alabados por los hombres, les gusta que los vean y aplaudan por todo lo que hacen cuando el que debe llevarse toda la gloria siempre es Dios y no los hombres. Dios desprecia a este tipo de personas porque aparentan ser algo que no son, “buenos cristianos”. Esas personas se ponen caretas para disimular cuando en lo secreto y con Dios solo usan vanas palabrerías.

Debemos aprender y pedir revelación a Dios para vivir humillados ante su presencia, para negarnos a nosotros mismos y seguir a Jesús; como dice Mateo 16:24: Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”. Debemos ser humildes y dejar que Dios se glorié porque el ser humano de por sí en su naturaleza busca lo suyo, es egoísta, arrogante por eso cada día debemos morir a nosotros mismos y dejar que Dios se exalte.

Es nuestra carne la que debe morir cada día porque ella misma busca deleitarse y satisfacer sus propios deseos y que caigamos en pecado. Debemos orar cada día y entregar a Dios todo, dejar que se fortalezca en nuestras debilidades, que muestre su poder a través de ellas.

No hay nadie como Dios, nadie puede superarlo. Si nos enfocamos en Jesús, jamás nos perderemos, fijemos nuestra mirada en Él y nos guiará por el buen camino. No desfallezcamos, fortalezcamonos en Dios.

Es una lucha diaria, todos los días debe vencerse con el poder del Espíritu Santo. No te des por vencido, doblega tu voluntad y deja a Dios al volante de tu vida, busca hacer su voluntad cada día y estarás en el camino correcto.

Dios te bendiga y ¡ánimo! Nada es imposible con la ayuda del Espíritu Santo.

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