DIOS NO TE NECESITA.

¿Cuántas veces nos hemos creído personas indispensables?

¿Cuántas veces ha pasado por nuestra mente que somos los únicos capaces?

¿Cuántas veces llegamos a sentir en nuestro corazón superioridad  moral, intelectual o espiritual?

Este tema sin duda es uno de los que más me confronta, personalmente necesito recordarlo, leerlo o escucharlo muchas veces.

Lo he repetido en ocasiones, los seres humanos somos muy olvidadizos, somos personas que si no repetimos constantemente las cosas importantes tendemos a olvidarlas. Es por eso que Dios le dijo muchas veces a su pueblo que escribieran sus leyes, sus visiones, que no dejaran de recordarles a sus hijos los hechos que habían ocurrido. Dios sabe que somos olvidadizos y por eso es necesario recordar. Y este tema es de esos que nunca se debe olvidar, es ese tema que debe seguirte siempre y recordarte que no se trata de ti.

Por tanto, cuídate y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, y no se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; sino que las hagas saber a tus hijos y a tus nietos. Deuteronomio 4:9

Pero ¿Quién no se ha creído más que otros? ¿Quién no ha sentido ser mejor que otros? Todos lo hemos hecho. Somos personas con capacidades y dones diferentes y muchos son mejores en unas cosas que en otros, y está bien, no hay nada malo en eso, la situación cambia cuando en nuestro corazón existe un pensamiento de que es Dios quien nos necesita a nosotros. Y aunque podemos buscar muchos culpables creo que el corazón del hombre es el primero de todos. Siempre ha buscado ser alabado, reconocido y visto por los demás. El orgullo y la soberbia están latente en el corazón del hombre.

Otro gran culpable es el mensaje distorsionado que se ha predicado hoy en día en las iglesias. Ponen de protagonista al ser humano cuando nunca lo ha sido. El evangelio va más allá de nuestro bienestar, va más allá de nuestra satisfacción y que nos sintamos bien. El Evangelio es más grande que nosotros. Nos hemos creído de una forma egoísta y el mensaje se ha distorsionado solo porque somos parte de un plan maravilloso pero nunca seremos la figura central. La figura central es Jesús, siempre lo ha sido y siempre lo será.

Y escribiendo esto recuerdo la historia que me ha marcado, que me recuerda cada vez que en mi corazón se encuentra el orgullo que debo alejar esa clase de pensamientos. Esta historia es de un hombre común y corriente que fue utilizado por Dios para confrontar a un mundo que cada día se desviaba, que cada día se olvidada de su creador.

El pueblo de Israel estaba completamente perturbado por un rey y su esposa que habían hecho que todo el pueblo se postrara a un nuevo dios, Baal era su nombre. Fue tanto lo podrido del pueblo que Dios levantó a un hombre para retar y hacerles notar al pueblo lo errados que estaban. Elías reta a un grupo de sacerdotes de Baal para que del cielo cayera al altar fuego y así saber quién era el verdadero Dios. Elías representaba a Jehová y los demás sacerdotes a Baal, el encuentro se dio en el monte Carmelo. Los sacerdotes de Baal empezaron con una serie de ritos y llamamientos para que descendiera fuego y consumiera el altar pero nada pasaba, pasaron las horas y Elías se burlaba de ellos. Cuando hubo pasado un tiempo, el profeta tomó la palabra y oró al cielo pidiendo a Dios que le demostrara que Él es el verdadero Dios y así fue. Fuego cayó del cielo y consumió el altar. Toda la gente supo entonces que el Dios de Elías es el verdadero Dios. Esa tarde mataron a todos los sacerdotes de Baal y fue una victoria aplastante para Dios y Elías. A pesar de que semanas antes habían matado  a todos los profetas de Dios. La esposa del rey de Israel, Jezabel supo de lo sucedido, lo llamó para decirle que lo encontraría y mataría. Elías huyó, asustado corrió a una cueva.

Lo más importante de la historia es lo siguiente: a pesar de haber obtenido una gran victoria y ver el poder de Dios al descender fuego del cielo, Elías huye por unas palabras de una mujer mortal. La historia que se encuentra en 1 Reyes 19, cuenta que el profeta se esconde en una cueva donde era alimentado por unos cuervos y puedo imaginar esa conversación entre Dios y Elías en ese lugar:

Elías, ¿Qué haces aquí?

-¿No te has dado cuenta que han matado a todos tus profetas y sólo yo he quedado?- contesta Elías.

Ve, y unge a Hazael por rey de Siria. ¿No te has dado cuenta que hay más de siete mil hombres cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron?

Mientras Elías pensaba que era el único profeta de Dios, había un grupo de siete mil hombres que aún no habían doblado sus rodillas a Baal y que Dios podría usar si Él quisiera.

Dios no necesitaba a Elías pero quería que él fuera su profeta.

Dios no te necesita pero quiere estar contigo.

Dios no te necesita pero quiere usarte

Dios no te necesita pero quiere que vean su amor en tu vida

Dios no te necesita pero tus amigos, tu familia, tu comunidad, sí.

Y vuelvo a hacerte las preguntas que al principio leíste, ¿Cuántas veces nos hemos creído personas indispensables?

¿Cuántas veces ha pasado por nuestra mente que somos los únicos capaces?

¿Cuántas veces llegamos a sentir en nuestro corazón superioridad  moral, intelectual o espiritual?

Servimos a Dios en la iglesia, en proyectos, o haciendo otras cosas pero el orgullo llega a nuestro corazón para decirnos que es Dios quien nos necesita. ¡Que erróneos estamos! ¡Que ilusos e infantiles somos! Dios no nos necesita pero a pesar de, quiere estar con nosotros, quiere usarnos.

No dejes que en tu corazón el orgullo robe tu pureza, no dejes que los pensamientos y las opiniones de los demás definan tu vida, porque mientras tú estás pensando que eres único y especial por hacer lo que haces, hay muchísimos que lo podrían hacer y en ocasiones, de mejor manera. Me encanta la frase que dice: Dios no llama a gente capacitada, sino que capacita a los que llama.

Si Dios llamara a los mejores, a los que no tienen ninguna tacha o falta, yo no te estaría escribiendo, yo no te estaría dirigiendo este mensaje. Solo sé que mi corazón está dispuesto a hacer lo que mi Señor diga. Y cuando desee que ya no lo haga así será pero mientras tanto lo hago bien, buscando la excelencia sabiendo que hay muchos y mejores que yo.

Recuerda; Dios no te necesita pero quiere estar contigo.

“No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos”. Filipenses 2:3

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