¿Para qué soy bueno?

Hace una semana atrás tuve la dicha de poder visitar a un buen amigo mío que por motivo de trabajo fue trasladado a la maravillosa ciudad asiática de Hong Kong. Los preparativos de mi viaje iniciaron desde varios meses atrás, así que fue un viaje muy ansiado. Pero gracias a que todo plazo se vence y toda fecha llega, mi viaje comenzó.

Aunque en este tipo de viajes el tiempo se cuenta por las horas de vuelo; que por cierto son muchas, para mí el viaje comenzó desde que salí de casa. Uno de mis hijos me llevo en carro a la ciudad de Guatemala para encontrarme con mi primer hijo (véase “paternidad”) tres horas de camino, pasamos un tiempo genial juntos por un par de horas para luego llevarme al aeropuerto.
Después de dos escalas con varias horas de espera en aeropuertos y una suma considerable de horas de vuelo llegue a mi tan esperado destino.

Llegué justo el primer día de año nuevo chino, así que mi amigo que de hecho es de ascendencia china me llevó a la cena especial de año nuevo con sus familiares. No tengo cómo explicar la gran variedad de platillos que sirvieron y de lo exótico de la comida tradicional para dicha fiesta; pero lo que si puedo mencionar es que predominaron los mariscos. Todos en esa cena fueron muy generosos conmigo, se aseguraron de que yo probara cada platillo y comiera suficiente y la comida por su cuenta fue muy sugestiva, y mi entusiasmo por tan vasta experiencia hizo que el uso de los palillos no fuera una barrera.
Alrededor de las 11 p.m. llegamos al apartamento de mi amigo y con más de 30 horas sin dormir no sufrí lo que llaman “jet lag” también conocido como el síndrome de cambio brusco de horario; 14 horas de diferencia entre Guatemala y Hong Kong, así que me quedé dormido inmediatamente. Pero alrededor de las 2 a.m. algo me despertó. Sentí como que algo en mi garganta estaba atorado, pensé que por el cansancio me habría dormido en mala posición y habría respirado por la boca causando resequedad pero no mejoré, me levanté de la cama y al verme en el espejo del baño me di cuenta de algo tan inusual para mí, tenía la epiglotis el doble de ancho y el doble de largo de lo normal, con decirles que la epiglotis reposaba sobre mi lengua, no me considero alguien fácil de asustar así que con serenidad decidí averiguar lo que me estaba sucediendo, ¡bendito Google! Busqué: “inflamación de la epiglotis” y los resultados eran alarmantes, para ser breve recomendaban que de inmediato me internara en un hospital para no morir de una obstrucción respiratoria principalmente causado por influenza. Dos días antes del viaje mi amigo me comentó que en Hong Kong había influenza y que de ser posible me vacunara antes del viaje, cosa que no hice porque una vez más gracias a Google me enteré que la vacuna inicia su efecto de protección dos semanas después de la aplicación, así que por dos semanas podría estar expuesto a la influenza y enfermarme a pesar de estar vacunado, pero bueno no soy dado a usar el “hubiera” sino más bien encontrar soluciones.

No estaba dispuesto a pasar mis vacaciones en un hospital y ni siquiera me interesa saber cuánto podría ser el costo en Hong Kong para una situación de esas.
De inmediato me puse en manos de mi médico personal a través de la oración, pasaron unos minutos y no había ninguna mejoría así que recurrí a una de las mejores armas que recibí. Humildemente dispongo en distintos países de América hermanos de fe en Jesucristo que me aprecian, algunos son mis mentores y todos ellos grandes amigos a los que puedo acudir obteniendo un apoyo inmediato.
Así que recurrí a uno de ellos, mi gran hermano, amigo y maestro Gabriel, con la dicha de que en América era de día en ese momento y también que él se encontraba conectado a una red social, respondió a mi petición de oración inmediatamente y me preguntó si podía compartir mi situación a su equipo de misioneros a lo que respondí con mucho entusiasmo que sí, solo supliqué que no le fuera comentado a mi familia para no preocuparlos.
Estuve despierto por una hora, la molestia se redujo levemente y eso me tranquilizó, el cansancio que aún tenía ayudó a que decidiera dormir y disfrutar de mucha paz que había en mi corazón, no estaba solo aunque suene egoísta lo diré, qué rico es descansar mientras otros llevan mis cargas, la verdad yo no quería llevarlas y en realidad estaba muy cansado como para enfrentarlo yo solo.
Al despertar de inmediato revisé mi garganta y la epiglotis había vuelto a su tamaño normal solamente estaba levemente irritada y con una pastilla se alivió por completo.
Gálatas 6:2 dice: “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.”
En esta oportunidad me tocó descansar en la fe de mi comunidad de fe, pero en otros momentos me ha tocado llevar en oración las necesidades de mis hermanos. Hay momentos en que no es fácil hablar con cualquier persona de lo que nos acontece, sé que aún dentro de la Iglesia no todos son discretos y no todos viven en la fe que profesan por lo que no se puede incluir a cualquier cristiano en nuestra lista de comunidad de fe, que por cierto sugiero que no sea una lista pública, es algo muy personal pero que es de vital importancia como lo dice el apóstol Pablo “es así como cumpliremos la ley de Cristo”.
Es necesario que un grupo selecto de gente de fe conozca nuestros temores y debilidades y no solo nuestras aspiraciones. Pero también es necesario que nos ganemos la confianza de alguien o mejor aún de varios hermanos en la fe para que nos pidan que llevemos sus cargas.
Justo hoy que escribo es mi viaje de regreso a casa, disfruté mis vacaciones que superaron mis expectativas. Mi Dios rompió la ley natural que me enfermó en el inicio de este viaje y pude disfrutar su voluntad. Regreso listo para ser de apoyo a mis hermanos de fe y también de aquellos que aún no conocen a mi Dios y puedo decirles: ¿para qué soy bueno?
¿Sería la influenza o quizá alergia por tantos mariscos lo que me afectó? no lo sé, lo que sí interesa saber es que la oración en el nombre de Jesús cambió mis circunstancias para bien.

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