“La coraza del corazón”:

Cuando nos hieren, nos traicionan, nos abandonan o nos mienten nos sentimos defraudados por el otro. Y en determinadas ocasiones cuando eso pasa seguido, como seres humanos nos cansamos de todo y nuestra vida puede compararse a  un vaso que se llena y rebalsa.

Entonces es ahí cuando nos creamos una armadura, una coraza alrededor de nuestro corazón para que ya no nos lastimen. Es nuestra manera de protegernos de que nos vuelvan a lastimar, de que no vuelva a ocurrir. En principio lo hacemos para protegernos o eso creemos en nuestra mente, pero el problema está en cuanto tiempo permanecemos dentro de esa armadura. No sanamos realmente, nos autoprotegemos. Queremos demostrarnos fuertes y pretender ser alguien que no somos frente a los demás.

Una cita de un libro que leí hace algún tiempo trataba este tema y se llama: “El caballero de la armadura oxidada” pág. 17:

“A todos, alguna armadura nos tiene atrapados. Sólo que la vuestra ya la habéis encontrado”.

El libro trata de un caballero que luchaba en muchas cruzadas, quería demostrarles a todos que era un caballero bueno, generoso y amoroso. Tenía una esposa, un hijo y un castillo. Pero ellos ya no lo reconocían o no recordaban cómo era porque se la pasaba con su armadura puesta.

Esto me lleva a hacerles la siguiente pregunta: Debajo de esa armadura ¿quiénes somos? y ¿qué demostramos con esas cualidades a los demás?

Porque con ella nos volvemos personas desconfiadas que creen que todos van a lastimarnos, nos hacemos indiferentes al dolor del otro, ya casi no sentimos nada. Y cada vez que alguien hace una broma o dice algo lo tomamos como personal o como una ofensa y ya nos ponemos a la defensiva y nos protegemos detrás de gritos e insultos. Resulta difícil salir de allí.
Solo Dios puede penetrar en ese corazón duro y frío con su amor. Y cuando por fin lo dejamos entrar de nuevo, allí empieza un proceso lento y doloroso. Pero esto no termina acá, Dios comienza a sanar nuestras heridas con su amor, paciencia y misericordia y eventualmente nos empieza a ablandar el corazón. Pero toma su tiempo.

Confía en Dios y entrégale tu corazón herido. Tu vida está en sus manos y no hay lugar más seguro que ese. Quiero dejarte algunos versículos a modo de reflexión.

Romanos 2:5 RVR 1960: “Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios.

“Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre.” Mateo 15:18

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