“Heridas que no sanan”

“Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes. Les quitaré ese terco corazón de piedra y les daré un corazón tierno y receptivo” Ezequiel 36:26 NTV

Hace algunos meses estaba sentado en un restaurante y tomaba mi café con leche, estaba solo y ese día en particular estaba un poco triste. Los recuerdos me golpeaban, el “hubiera” me inundaba de preguntas pero sobre todo la soledad estaba más cerca que nunca. Yo sé muy bien que se siente estar en esos días donde piensas que nada bueno ocurrirá en tu vida. Yo sé bien que se siente tener esos pensamientos de desesperación y también sé qué siente cuando tus ilusiones se caen y tu corazón es lastimado.

Pero ¿A quién no le han lastimado el corazón? ¿A quién no le han roto sus ilusiones un par de veces? Yo pienso que el problema no es cuantas veces te lo han lastimado, o cuantas veces te lo han roto sino cuántas de esas heridas no sanan, cuántas de esas desilusiones se convierten en costras que no terminan de curar. Es más, llegan a convertir el corazón en piedra; sin sentimientos, ni ilusiones. Ya no queremos sentir más, ya no queremos sentir ilusiones porque existe el temor de que nos lastimen, otra vez.

Hace un par de años llegué a sentir uno de los sentimientos más puros que pude haber conocido. Me había ilusionado con una mujer excepcional. Todo de ella me gustaba, su carácter, su manera de reír, de ver la vida, su sencillez y humildad, me había enamorado de su corazón. Me habían gustado otras chicas pero no de la manera que lo estaba haciendo por ella; era un sentimiento puro, pero sobre todo real. Casi todos los días nos hablábamos, un par de veces nos mirábamos también y más adelante llegamos a vernos todos los días.

Sinceramente yo no quería sentir nada por ella, porque sabía que no era la indicada no porque no fuera suficiente o porque había algo “malo” en ella. Simplemente sabía que ella no me convenía, y aún así mi corazón fue quien me dirigió a cometer uno de los errores más grandes de mi vida. Enamorarme de alguien que desde un principio no debía de hacerlo. Yo sabía que estaba mal, Dios me lo había dicho pero bien dicen los compositores de canciones melancólicas: “Cuando el corazón toma protagonismo no hay quien lo haga entrar en razón…”

Lo inevitable llegó y me lastimé muchísimo el corazón. No les cuento bien la historia porque no es el punto del tema sino lo que paso después porque pasado un par de años aún no puedo decir que esa herida este sana por completo. Después de algún tiempo mi corazón tuvo esas heridas que me hicieron sentirme solo esa tarde en el restaurante cuando tomaba mi café con leche.

Hay veces que nos lastimamos el corazón por necios y otras veces nos lastiman el corazón por tontos pero cuando lo hacen no hay duda que es porque entregamos todo de nosotros y es precisamente por eso que nos duele. Muchas veces dejamos amistades por alguien, dejamos ciertas cosas que nos gustaban porque a esa persona no le gusta que la hagamos, otras veces nos esforzamos en impresionar a la otra persona. La mayoría de veces nos quedamos sin dinero o pedimos prestado para invitar a esa persona y por eso mismo nuestro corazón siente más dolor. No por el dinero que prestamos sino por el esfuerzo que no supieron valorar.

Tal vez ese sea el problema, tal vez el problema de que las heridas no sanen rápido es directamente proporcional al grado de esfuerzo que pusimos en esa relación y no solo de noviazgo me refiero sino también a las amistades que muchas veces se acaban de un día para otro.

Hace un par de semanas Víctor escribió un post que me encantó, creo que ha sido uno de los mejores que he leído y decía que muchas veces le entregamos el corazón a la persona incorrecta, otros le dicen que nos lo “roban” sea como sea, pareciera que nuestro corazón ya no nos pertenece.

Dios sabe muy bien la importancia de nuestro corazón y también sabe de esa heridas, es más, yo creo que Dios nos entiende muy bien porque en nuestra humanidad le hemos lastimado incontables veces. Pero aún así Él nos sigue amando, a pesar de que nosotros le demos la espalda, Dios nunca se cansa de nosotros. En cambio nosotros sí, a la primera nos vamos o a la quinta oportunidad pero sí, nos cansamos cuando nos lastiman y decidimos irnos con el corazón hecho pedazos. Dios en cambio no lo hace así; nos va a buscar, nos alienta, nos abraza y nos dice en esos momentos en los que nuestro corazón no sana:

“El sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas”. Salmos 147:3 RV1960.

Lo vuelvo a repetir, el problema más grande de esas heridas que no sanan es que forman una coraza, o un caparazón impenetrable de sentimientos. Nos volvemos apáticos, indiferentes, solitarios y la expectativa no existe. Pero Dios nos dice que Él quitara ese corazón de piedra. ¡Dios te va a quitar ese corazón de piedra! ¡Vas a volver a sentir! Porque si seguimos insistiendo en impedir que Dios sane nuestras heridas nos perderemos grandes oportunidades. Quien sabe, hasta por tener ese corazón lastimado y distraído dejemos ir a la persona correcta.

 “Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes. Les quitaré ese terco corazón de piedra y les daré un corazón tierno y receptivo” Ezequiel 36:26 NTV

Lo más impresionante es que, quien sana nuestro corazón solo está esperando que dejemos que lo haga. Siempre ha estado allí, cuando te dejaron, cuando te mintieron, cuando traicionaron tu confianza o cuando simplemente se fueron sin dar una explicación, allí estaba, abrazándote y amándote.

Tal vez no te diste cuenta porque fuiste rápido a contárselo a tus amigos o amigas, tal vez no te diste cuenta porque no parabas de llorar, tal vez la ilusión de recibir ese mensaje de “volvamos” hizo que no te dieras cuenta que allí estaba. Pero El Espíritu Santo quiere sanar hoy tu corazón, Él quiere vendar tus heridas y cuidarte. Quiere que dejes todo lo que te desenfoca y lo mires a Él. Te quitará ese corazón terco y te dará sabiduría. Podrás sentir, podrás recibir y no solo hablo de amor de pareja sino el amor que Dios quiere darte. UN AMOR QUE TE ABRAZARÁ DE TAL MANERA QUE LA PRÓXIMA VEZ QUE ESTES CON ALGUIEN NO ESTARÁS PENDIENTE DE RECIBIR AMOR SINO DE DAR AMOR.

Deja que Él te sane. 

 

 

 

 

 

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