¡Libres, verdaderamente libres!

Una de las vidas que para mí es una total inspiración es la de Martín Luther King Jr. Y estoy segura que para muchos alrededor del mundo también lo es. Conocido por haber sido el líder de un movimiento sin violencia por la igualdad racial en los Estados Unidos.

Pero la parte de su magnífica historia de la quiero hablarles hoy, es de aquel 28 de agosto de 1963. Donde su lucha alcanzó unos de sus momentos culminantes al encabezar una marcha con más de 200.000 personas al pie del Lincoln Memorial en Washington D.C, ante las cuales pronunció el más recordado y conmovedor de sus inspiradores discursos titulado: “Tengo un sueño” (I have a dream) Cito la última línea de su maravilloso discurso:

“¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¡somos libres al fin!”

Me atrevo a decir que Él no solo luchaba para que no existiera la discriminación, sino también para que todos experimentarán una libertad física como también una espiritual, esa en la que Él vivía, esa libertad que le daba el valor para hacer lo que hacía. Quizás por eso fueron sus últimas letras, sabía que Jesús ya lo había hecho libre. No tuvo miedo a vivir sus convicciones, siempre se negó a vivir en algún tipo de esclavitud.

Y es en está palabra –libertad– que yo no dejaba de pensar. No dejaba de pensar en ti, en donde sea que me estés leyendo. No dejaba de pensar si tú al igual que yo, haz sido o necesitas ser libre de algo. Una de las señales de que hemos nacido de nuevo, que hemos hecho a Jesús nuestro Salvador es vivir en libertad porque Él ya nos hizo libres.

Recuerdo perfectamente un episodio en que había tomado una de las decisiones más importantes de mi vida, estaba llena de preguntas, inseguridades y lo que más me afectaba era el temor, aun sabiendo que Dios era quien me había dado la dirección correcta. En uno de esos días mi Pastor predicó acerca del temor y para ejemplificar uso unas cuerdas muy gruesas atadas a sus dos manos. Él explicaba que la mayoría del tiempo las personas estamos así, esclavas y atadas por el miedo que no nos deja avanzar. Jamás olvidaré ese día porque durante la ministración sonaba está canción: “Canción de protección sobre todo mal, temores ya no hay, Ya no soy esclava del temor, soy una hija de Dios” ese día Jesús me liberó. Al finalizar mi pastor me dio las cuerdas que había usado y me dijo: “Cada vez que las mires, recuerda que no eres esclava, eres libre” y a pesar que han pasado los años cada vez que veo esas simples cuerdas recuerdo esa verdad.

Jesús mismo es la verdad que nos liberta. En el evangelio de Juan 8:31-32 leemos

“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permanecieréis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.

Jesús nos muestra el camino a la eternidad con Dios. Jesús no nos da libertinaje; nos da libertad para escoger lo correcto. Al caminar con Dios y en su verdadera libertad estamos convirtiéndonos en todo lo que quiere que seamos.

 Todos necesitamos en algún momento ser libres de algo. Pregúntate ¿Qué te tiene esclavizado? Puede ser el temor al futuro, a fracasar, a no cumplir tus sueños, miedo al decir que crees en Jesús,a emprender algo nuevo,a no cumplir el llamado de Dios, algún pecado que tal vez nadie sabe, alguna adicción, malos pensamientos, algún desamor, no lo sé. Satanás siempre buscará la manera de mantenernos esclavos, pero no olvides que vives en el perfecto amor, que Jesús ya te hizo libre.

Algo que amo recordar es que ¡SOY HIJA! y como tal tengo derechos, así como nuestros padres físicos buscan darnos lo mejor, nos cuidan y aman. Dios hace mucho más que eso por nosotros ¡SUS HIJOS! Y nuestro amado padre NOS AMA. Romanos 8 nos enseña está gran verdad:

“Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios (15-16)

¡Hijos libres, ya no somos esclavos temerosos, ni débiles. Hemos sido comprados por la preciosa sangre de Jesús!

El mundo necesita la manifestación de los hijos de Dios esos que viven en libertad, que viven lo que creen. Ya no más temor, no más esclavitud, no más pecado. Vivamos vidas fructíferas que glorifiquen el nombre de Dios siguiendo la dirección de su palabra diciendo “Viviré con toda libertad, porque he buscado tus preceptos” (Salmos 119:45) y siendo libres, verdaderamente libres.

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