“Hablemos del corazón”:

“Por sobre todas las cosas, guarda tu corazón porque de él mana la vida”Por sobre todas las cosas, guarda tu corazón porque de él mana la vida” Proverbios 4:23

¿Cuán importante en la vida es el corazón? ¿Qué tan importante es en nuestro trabajo? ¿En nuestras relaciones? ¿En cada cosa que hacemos?
Creo que la Biblia tiene mucho que decir sobre qué tan importante es el corazón, sobre todo cuando se menciona unas 300 veces a lo largo de las escrituras.
El primer mandamiento en Deuteronomio 6:5, el cual Jesús dijo que es el más importante de todos dice: “Amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas…”.
También vemos a lo largo de la Biblia declaraciones como:
“Confía en el Señor con todo tu corazón” (Prov. 3:5).

“Donde esté tu tesoro allí estará tu corazón” (Lucas 12:34).

Creer con todo nuestro corazón que Jesús es el Señor es lo que nos hace salvos. El corazón es donde reside nuestra fe y nuestras convicciones.

El corazón es tan importante que allí están nuestros motivos y nuestros pensamientos. Nuestro corazón puede ser valiente o cobarde, puede ser puro o sucio. “En nuestro corazón nacen los peores pecados que puedas imaginar” (Mateo 15:9), pero también puede ser puro, puede ser noble y generoso. Los pensamientos de nuestro corazón son los que definen nuestra personalidad y lo que realmente somos:

Como el hombre piensa en su corazón, tal es él” (Prov. 23:7).

Y sí, el corazón es tan importante para Dios que incluso es lo que Él examina, es lo que Él mira y lo que realmente le importa:
A cada uno le parece justo su proceder, pero Dios juzga los corazones”(Prov. 21:2).
“Estos de labios me honran, pero sus corazones están lejos de mi” (Mateo 15:8).
Es tan importante que allí Dios escribió su ley (Romanos 2:15), eso a lo que llamamos conciencia y es por eso que aun los niños sin haber aprendido aún sobre el bien y el mal sienten culpa cuando hacen algo malo como mentir o lastimar a alguien.

Como dijera Charles Ryrie, “El corazón es el centro y núcleo de la vida”.
El corazón es tan importante que como vimos en el primer verso que leímos, de él mana la vida y de eso quiero hablar brevemente hoy.
Una de las tantas formas que cambió mi vida al convertirme en padre es el hecho de que jamás había visto tantas películas infantiles, ni siquiera en mi propia infancia como lo hago desde hace 5 años. Y no solo es verlas una vez, creo que he visto Toy Story como 100 veces.
De las películas que más me ha gustado y que he visto recientemente con mis hijos y me encanta es Moana. Por cierto llevo en cuenta haberla visto al día de hoy unas 26 veces. En ella se cuenta la historia de “Te Fiti” una diosa a la que Mahui literalmente le robó su corazón transformándola en un ser malvado de tierra y lava llamado Te Kã… (Bueno, nos damos cuenta de eso hasta casi al final de la película). Toda la película trata de las aventuras de Moana en su camino a devolver el corazón de Te Fiti.
Lo cierto es que la historia que cuenta la película es real. Y con real no me refiero a la real existencia de los personajes y los hechos, sino a que normalmente somos transformados para mal cuando nuestro corazón es roto, destruido, robado, apagado, aplastado, destrozado, … ponle el nombre que mejor se te ocurra que seguro has vivido algo así.

Ese es el principal objetivo del enemigo, lograr asestar esos dardos en tu corazón y apagarlo por completo. Son esas palabras de un padre diciéndote que no eres bueno para nada, que fuiste un error, que nunca vas a lograr nada bueno en la vida. Son las manos de esa persona que amabas pero que ahora te suelta y te dice que solamente eras un juego o un pasatiempo, que realmente nunca le importaste. Son los eventos de la vida que te asestan golpes: el trabajo que no conseguiste, la partida de un ser querido, el fracaso en el negocio, la soledad, etc.
Y si nuestro corazón no sana nos transformamos en una especie de Te Kã: en personas amargadas, apagadas, deprimidas y sin vida, solo odio, resentimiento y una tierra árida de la que no brota nada. Aquello de lo que manaba la vida ya no está, se ha endurecido.  De pronto nuestro lenguaje favorito es el cinismo y la ironía. Tenía tanta razón Salomón, de pronto ya no hay vida.
Un corazón endurecido es incapaz de amar y si no podemos amar es prácticamente imposible conectarnos con Dios y mucho menos con las demás personas en un nivel íntimo. Nos alejamos de Dios y volvemos de nuevo a la oscuridad. Necesitamos ser transformados. Necesitamos ser sanados. Necesitamos volver a vivir, volver a sentir, volver a respirar. Necesitamos un nuevo corazón. Y eso fue lo que Dios prometió:
Les daré un corazón nuevo y derramaré un espíritu nuevo en medio de ustedes; les arrancaré del cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne”.(Ezequiel 36:26).
El sana a los que tienen el corazón quebrantado y cura sus heridas”(Salmo 147:3).
¡Fantástico!¡Maravilloso!¡Son buenas noticias!Es Dios quien ha hecho de todo para darte un nuevo corazón. Quien ha venido a la tierra, que ha sido capaz de morir por ti, que ha bajado al sepulcro y se ha levantado de nuevo para darte vida. Dios no te dejará solo. A Dios le importa tu corazón. Él es quien lo sana y si se ha endurecido o ha sido robado Él te dará uno nuevo y volverás a vivir, volverás a sentir, tendrás nueva vida en ti, un espíritu renovado. ¡Claro que si!

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