“Dios no tiene hambre”

Nuestra fe (o religión) cristiana está plagada de complicaciones filosóficas; enredos de pensamiento similares a: “x + z = un ave volando”; o “si ayunas obligarás al cielo a moverse a tu favor”, o una mejor: “brinca la tablita porque YO ya la brinqué”. Patrañas perfectas para quienes desean ahogar su consciencia que les reclama paz y misticismo.

Quisiera ayudarte a dar un respiro, y así nos descarguemos de “todo peso” (y de pecado, Hebreos 12.1). Siéntate. No te pongas a la defensiva. Hay algo que quiero que sepas: “Dios no tiene hambre”.

Hay dos extremos entre las personas que erran en su fe cristiana

  1. Las que crearon a un dios que es el reflejo de su propia afán. Surge a partir de su educación, moral, temores, dudas e ignorancia de la explicación lógica. Un dios más humano. Al que le gusta el dinero, lujos y prosperidad.
  2. Las que crearon a un dios místico, brujo e insaciable de sacrificios. Un ser distante al que hay que invocar con ritos y está dispuesto a lanzar enfermedades.

Es sencilla la razón por la que te escribo sobre esto. La vez anterior publiqué un texto acerca del legado en la vida por el que podemos y debemos trabajar. En esa misma línea de propósito necesito aclarar cierta perspectiva errónea que se tiene de Dios.

Si deseas tomar un momento y leer el post anterior, este es el link: LEGADO
Puedes ir a leerlo y yo te espero aquí para que continuemos.

Un legado es un aporte que tú haces a la felicidad y bienestar de otras personas.

Resulta que si deseamos trabajar por un legado a la manera de Dios, imitándolo a Él como hijos amados (efesios 5.1) debemos dejar por un lado las erróneas ideas o concepciones que tenemos sobre Él. Dios no está interesado en que dediques tu vida a sacrificarle toros, en misticismo, encierro en tus ambiciones o dentro de la “iglesia”. Dios no puede estar preso en ti (como lo piensa el extremo #1) y tampoco quiere estar preso en una iglesia (como actúan en el extremo #2).

La religión organizada nos ha proyectado la idea de que nuestra relación con Dios se manifiesta en la forma en trabajamos dentro de la iglesia, de tal cuenta que confesamos: “yo sirvo a Dios cuando asisto a la iglesia”; pero mi traducción a la práctica de ese pensamiento sería: “Yo alimento a Dios cuando asisto a la iglesia”.

Te pondré un ejemplo de esta traducción. En el antiguo testamento hay un reclamo de Dios hacia su pueblo.

“Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti;
Porque mío es el mundo y su plenitud”
Salmo 50.12

Dios no está necesitado de tener gente que crea que lo está alimentando cada vez que dice “aleluya” o que piense que “Dios es pobre y debo llevarle limosnas” o peor aún, que piensan que “Dios tiene hambre y mis palabras lo alimentan”. Aunque no sean esas palabras que usan, esa es la traducción que hago. ¡Dios no es un animal! ¡Dios no necesita de tus cuidados! Él es autosuficiente, y no necesita de ti, tú lo necesitas a Él.

En cambio, el pobre, la viuda, el huérfano, el desamparado, el enfermo, el afligido, tu vecino o tu familia; ellos si pueden tener hambre y necesidades. Y es a ellos a los que debes alimentar y velar por su bienestar. Es de estúpidos ignorar la necesidad del que gime por agua mientras riega el agua al suelo en holocausto a su dios. Es de tontos invertir en infraestructura exuberante para las iglesias mientras ignoran las necesidades de los orfanatorios o asilos de ancianos. Es de tontos invertir tiempo en “alimentar a Dios con oraciones” mientras la familia se destruye por ausencia de ellos.

¿Recuerdas que inicié hablando de lo complicado que han hecho a la fe cristiana? Pues no es algo nuevo complicar alto tan sencillo como el propósito de Dios para con el hombre. Los israelitas ya lo habían hecho en muchísimas ocasiones. Ellos buscaban dedicar su vida a saciar al dios que imaginaban; con sangre, incienso y rituales. ¡Dios tuvo que detenerlos! Tal parece que a Él lo irrita que nos apartemos de su propósito: tener una relación genuina con el humano.

No haré mayor explicación que citarte textualmente las palabras de mi Maestro Jesucristo:

22 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?

23 Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.
Mateo 7

Si realmente deseas dejar un legado a la humanidad, y que ese legado sea un testimonio innegable de la veracidad del amor de Dios. Tienes que entender que al que debes “servir” no es a ti mismo y mucho menos al dios que probablemente creaste; a quien debes servir es a la gente que tienes alrededor. Haciendo esto, en realidad estarás honrando y sirviendo al Creador. Todo legado se fundamenta en el valor que puedo agregarle a las personas. Así es como Dios legó* en ti, pues te agregó valor al salvarte por Cristo y ayudarte a crecer mediante el Espíritu Santo.

Espero que este texto haya abierto una puerta al diálogo introspectivo en ti. Me encanta poder compartir contigo el susurro del cielo para esta generación egoísta: Legar una obra de testimonio del amor de Dios por medio de Cristo. Por favor, mantente al tanto del blog y las redes sociales para saber cuándo será nuestra próxima cita.

*Legó, conjugación del verbo Legar, en el pasado de la tercera persona gramatical. Notarás que nuestro idioma es mediocre al punto de no contar con un verbo que indique la acción de agregarle valor a la felicidad y bienestar de las personas. Así que es un término muy propio de Sam Agustín.

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