El lado positivo del desánimo.

Empezamos un nuevo año y como siempre nuestras expectativas comienzan a nacer, comienzan a emerger algunos propósitos que quisiéramos cumplir. Algunos son muy expectantes ante la llegada de un nuevo año, otros ya no, otros simplemente dejan que el tiempo venga y se enfocan en vivir un día a la vez. Bueno, yo soy como la segunda persona, desde hace un par de años ya no me pongo metas, no porque no tenga “ambición” sino que ya no pienso tanto en tener como objetivo hacer esto o lo otro, de hecho trato de no preocuparme tanto por el futuro, sino de vivir cada día.

Para mi este año no empezó bien, bueno es decir tengo familia, tengo salud, tengo muchas razones por las cuales estar agradecido y aunque este post pueda parecer un poco egoísta quiero compartirlo porque sé que hay alguien que se siente así, como yo. Es más me voy a atrever a decir que mi vida ha estado marcado por el desánimo, la soledad y muchas veces por la desesperanza que por la alegría, pero a pesar de todas esas circunstancias he aprendido que en esos momentos el desánimo tiene algo bueno, tiene algo diferente que la alegría y que el “todo este bien” no te pueda enseñar. Me encanto mucho el ejemplo que puso Pablo en su post  “no caeré jamás”, un ejemplo que nos hace notar que en ocasiones los fracasos son los mejores maestros para nuestra vida.

Cuando David ya era rey me puedo imaginar que pensó que los procesos por convertirse en rey ya habían quedado atrás, que ya no iba a pasar por persecución, amenazas de muerte y soledad o desanimo pero no fue así, yo estoy muy seguro que el momento más difícil de la vida de David no fue cuando se tuvo que enfrentar a un gigante cuando apenas era un joven, ni tampoco los años que paso huyendo del rey Saúl, ni las grandes batallas que libró para hacer de Israel una gran nación sino fue cuando su hogar se vino abajo. Inicio cuando se dejó llevar por un deseo que originó consecuencias  en su familia. La persecución más temerosa no fue cuando el rey Saúl  lo hacía sino cuando su mismo hijo estaba tras su corona, la soledad más feroz no fue cuando pensó que su vida estaba por terminar en una gran batalla sino cuando su hijo recién nacido estaba por morir y nadie estaba a su lado, su desanimo mas grande no fue cuando su esposa Micael no fue su ayuda idónea sino cuando Dios lo reprende por cometer el pecado. La vida de David es un ejemplo del desánimo, de la desesperanza y de la soledad. Puede que haya sido rey pero a pesar de eso encontró muchas situaciones adversas pero al final de todo supo encontrarle el lado positivo a esos procesos, supo verle el lado bueno a la solead, la desesperanza y el desánimo. Es por eso que cuando pasaba por un momento así su principal salida era ir a la presencia de Dios y por eso escribe esto:

“¡Qué felices son los que viven en tu templo! ¡Nunca dejan de alabarte! ¡Qué felices son los que de ti reciben fuerzas, y de todo corazón desean venir hasta tu templo! Cuando cruzan el valle del llanto, lo convierten en manantial; hasta las lluvias tempranas cubren el valle con sus bendiciones. Mientras más avanzan, más fuerzas tienen, y cuando llegan a tu templo te contemplan a ti, el Dios verdadero”. Salmos 84:4-7 NVI

Tal vez no haya pasado tantos momentos difíciles como los que pasó David, tal vez no he pasado todos los procesos que necesito pero a lo largo de este mediano camino he aprendido del desánimo, la desesperanza y la soledad y que solo la presencia de Dios es mi hogar, he aprendido que en su templo puedo estar tranquilo porque después de estar un tiempo con Él mis fuerzas se renuevan, porque sé que cuando Él me dice que me levante sus manos me sostendrán para seguir adelante. La primera vez que alguien me rompió el corazón en dos, mi reacción inmediata no fue ir a contarles a mis amigos lo que había pasado, tampoco ir a escuchar música deprimente o ahogar mis penas con alcohol sino fue encerrarme en un cuarto, postrarme y entrar a su presencia, cuando mi mamá enfermó muy fuerte y pensé que la perdería antes de tiempo lo que hice fue pasar un largo tiempo con Él, cuando supe que nací “por accidente” mi reacción fue ir con Dios a desahogarme porque sé que es ahí donde está mi fuerza y mis ánimos para seguir adelante.

El lado positivo del desánimo es que me acerca más y más a Dios. En vez de alejarme o hacer preguntas y cuestionar las circunstancias mi corazón ha aprendido que es en su presencia donde puedo descansar y recobrar fuerzas.

Aprendí a acercarme a Dios porque Él nunca se niega a estar conmigo y nunca lo hará contigo.

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