CUANDO LA INSATISFACCIÓN YA NO SATIFACE.

No te ha pasado que hay días, semanas, meses o temporadas en que sientes que las cosas no van bien. Algo no está bien, tú lo sabes, tu corazón lo sabe. Tus días parecen normales, haces tus actividades cotidianas como cualquier día, vas con tus amigos, pasas tiempo con tu familia, vas a estudiar o a trabajar pero hay algo que no “cuadra” hay algo que no encaja, sientes que en tu vida hay un espinita que no te deja en paz, que no deja que tu vida vaya bien, es como si no te sintieras bien contigo mismo; no te sientes lleno y no te sientes completo…si es así, ¡ten calma! Todos hemos pasado momentos así, en la vida del cristiano existen temporadas así. Temporadas de búsqueda, temporadas de insatisfacción, tiempos donde tu Fe y tus convicciones son probadas y las experiencias y el sentir se van a un lado.

Lo más peligroso es cuando te acomodas a ese sentimiento, cuando dejas que esa “espina” se vuelva parte de tu vida, cuando dejas que la insatisfacción sea algo normal. Algo curioso en el ser humano es su capacidad de adaptarse a diferentes situaciones y muchas veces lo hacemos sin querer, dejamos que eso que nos está diciendo ¡alerta, alerta! Se vuelva un sonido más, se vuelva un sonido insonoro para nuestra vida y vamos por la vida con el corazón insatisfecho tratando de llenarlo con otras cosas, con atenciones pasajeras, con momentos que nunca llenarán ese vacío, con esa espina que lastima nuestro corazón.
Hay una historia en la biblia que me gusta mucho y es de una persona que puede que haya estado ciega de por vida o tal vez no, la biblia no lo menciona pero me puedo imaginar que gran parte de su vida estuvo con esa oscuridad pero no lo suficiente para olvidar ese sentimiento de llenura y satisfacción de ver los colores y el sol. Nunca antes se había escuchado que un ciego volviera a ver, él estaba destinado a no ver la luz de nuevo, él ya se había acostumbrado a la oscuridad que lo acompañaba siempre, hasta que un día escucho hablar de un hombre que estaba haciendo milagros, su corazón se emocionó pero su mente le recordó a las otras personas que habían intentado sanarle y fracasaron, su mente le recordó de las docenas de personas que “hacían milagros” pero solo fueron personas que querían llamar la atención o hacerse famosas. La gente hablaba mucho de este hombre, porque hacia milagros que nadie antes había hecho. De un momento a otro este hombre pensó que tal vez era quien podía sanarle pero una vez mas su mente le recordó que siempre sería un ciego, que nunca vería la luz y siguió con ese sentimiento en su vida, siguió siendo ciego y muchas veces eso pasa con nuestra vida, sabemos que hay algo malo, sabemos que en nuestra vida hay algo que nos está oscureciendo pero lo hemos adoptado como parte de nuestra vida, hemos hecho que esa oscuridad sea parte de nuestro caminar y lo hemos intentado todo, hemos tratado de hacer todo lo que nos dicen pero no ha funcionado nada aun.

Para este hombre las cosas nunca iban a cambiar, siempre había una esperanza en su corazón pero los recuerdos y los intentos fallidos hacían que esa esperanza se esfumara.
Era tan grande la fama de esta persona que la gente hablaba siempre de Él.

Bartimeo escuchaba todo porque la mayor parte del día se mantenía en la plaza viviendo de la limosna la gente. Hasta que un día, en la plaza se escuchaba mucho ruido, la plaza no estaba como siempre, la gente estaba inquieta, los niños no jugaban como siempre porque los papas los tenían condicionados, les habían dado instrucciones fuera de lo común, sin duda alguna algo iba a pasar. La gente de a poco empezó a llegar, gente conocida y gente no conocida. Empezó el bullicio de cientos de personas, Bartimeo no sabía lo que pasaba hasta que su corazón le dijo que era su momento, sabía que ese día iba a cambiar su vida para siempre, sabía que es mañana al levantarse iba a ser un antes y después, él se sentía diferente.
Jesús se llamaba esta persona, famosa en todo Jericó y gran parte de Judea, hacia señales y milagros pero era diferente a los demás, de hecho no quería hacerse fama. Bartimeo se acordó rápidamente de que la única persona que podía sanarlo y hacer que volviera ver seria el hijo de David, el mesías, por eso empieza a gritar:

-¡Hijo de David!, Jesús ¡Hijo de David! Ten misericordia de mí.
Pero la gente lo callaba, la gente decía que se fuera, pero cuanto más lo hacían, él se llenaba de fuerzas para gritar:
-¡Hijo de David!, Jesús ¡Hijo de David! Ten misericordia de mí.
La historia cuenta que al final Jesús lo escucho, se paró y fue a donde estaba Bartimeo y le hizo esta pregunta que hoy también Él te hace a ti:
¿Qué quieres que te haga?
Bartimeo sin titubearlo le pidió que quería recuperar la vista y así fue. Bartimeo recupero la vista, él ya se había cansado de vivir en la oscuridad, ya se había cansado de vivir con aquello que lo hace sentir insatisfecho, decidió que nunca más viviría de esa manera. Y la pregunta que debes hacerte es:
¿Qué quieres que Dios haga en tu vida?
Puedes pasar toda tu vida con ese sentimiento de culpa que te acompaña, puedes vivir todo el tiempo que te queda con esa insatisfacción en tu vida, puedes pasar todo el tiempo de tu vida con esa espina en tu corazón pero no cambiará hasta que tú decidas que ya no quieras vivir así. Bartimeo decidió cambiar su vida, decidió dejar que Jesús le tocará y le sanará; ¿Por qué pues tú te resistes, por qué no permites que Jesús te sane y te llene? Hoy está pasando en la calle de tu vida, está en la ciudad de tu destino esperando que grites, y que cuando las voces de la desesperación se levanten, cuando las voces de la inseguridad y temor te digan que te calles tú puedas clamar más alto y más fuerte que lo necesitas, que ya estás cansado de vivir una vida de insatisfacciones y que necesitas que Él te toque y te llene como nadie más lo hará en tu vida. Te lo vuelvo a preguntar:
¿Qué quieres que Dios haga en tu vida?

Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. San Juan 4:13, 14

 

La historia es basada en San Lucas 18:35-43

 

 

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